El Cristo de las Injurias lleva el silencio por todos los rincones de Zamora

Procesión del Santísimo Cristo de las Injurias de Zamora. Foto: F. Oliva

Uno de los símbolos de Zamora, la procesión del Silencio, arranca los días grandes de la Pasión zamorana. El juramento, a cargo del cirujano taurino Enrique Crespo.

La Hermandad del Santísimo Cristo de las Injurias vuelve esta tarde a hacer el silencio en la plaza de la Catedral en uno de los símbolos de la Semana Santa de Zamora. El sol reinante augura una procesión brillante protagonizada por los 2.000 cofrades que, de blanco y rojo, se concentran frente a la seo para iniciar un largo recorrido por toda la ciudad con la única premisa de hacerlo en silencio, el elemento característico de este desfile. La procesión parte de la Catedral a las 20.30 horas. Los itinerarios completos se pueden consultar en este LINK

 

Los hermanos de esta cofradía, creada en el año 1925, han jurado silencio por lo que el desfile del Cristo de las Injurias (siglo XVI), que destaca por su sencillez conceptual, se realiza en el más estricto silencio. Los dos grandes pebeteros portados a hombros por hermanos llenan el ambiente de olor a incienso desde antes de aparecer en escena los 2.000 hermanos que tardan muchos minutos en ocupar su sitio.

 

Desde que llegara Francisco Guarido a la alcaldía, el juramento que históricamente hacía el alcalde de la ciudad ha pasado a un personaje designado por la cofradía. Este año el honor recae en el conocido cirujano taurino Enrique Crespo, natural de Zamora.

 

Después, llegará uno de los momentos más emotivos de este desfile procesiona. Será cuando los hermanos, en el atrio de la seo zamorana realicen, de rodillas ante su paso titular, el juramento de guardar silencio durante todo el recorrido. El silencio de los hermanos de esta cofradía se extiende a las miles de personas que cada año contemplan el transcurrir de este desfile procesional, que alcanza otro de sus grandes momentos cuando se adentra por la calle Rúa de los Notarios, que debido a su estrechez permite que quienes se agolpan en los balcones puedan tocar al Crucificado.