El Yacente emociona de nuevo a una Zamora a oscuras

La procesión del Yacente apaga todas las luces de la Zamora antigua en una noche sin parangón.

El Yacente ha vuelto a sobrecoger a una Zamora que se rinde a una de sus procesiones más icónicas y que marca el final del Jueves Santo. A las once de la noche, decenas de hermanos se han congregado en la iglesia de Santa María la Nueva, preparada para acoger este acto. Todo el día ha estado la imagen expuesta al público en una iglesia románica con su interior totalmente despejado y dedicada a los elementos característicos de esta procesión, como los faroles, las velas y las cruces.

 

Tras media hora de preparativos, 'El Cristo Yacente', obra de mitad del siglo XVII, ha salido en medio de una oscuridad total (para esta procesión se apagan todas las luces del entorno y buena parte del casco histórico) que propicia momentos de gran emoción. Alumbrado por los cofrades del mismo nombre ha recorrido la zona antigua en absoluto silencio, tan sólo roto por las campanillas del viático, hasta llegar a la plaza de Viriato, donde protagoniza, sin duda, uno de los momentos más impresionantes, sobrecogedores y emocionantes de la Semana Santa de Zamora: el canto del Miserere, que rompe la madrugada zamorana.

 

El acto, que en los últimos años ha tomado una gran relevancia incluso institucional, ha concitado a centenares de zamoranos en la plaza de Viriato desde muchos minutos antes del 'Miserere'. De hecho, y con la iluminación pública apagada, se hacía complicado caminar y ni mucho menos hacerse un buen sitio para disfrutar del cántico.