Un juramento de fe y perdón protagoniza la procesión del 'Silencio'

Enrique Crespo, autor del juramento al Cristo de las Injurias este año, ruega para recuperar "devotos sentimiento" olvidados "con los avatares de la vida y tras sus palabras se enfunda el caperuz para recorrer Zamora en silencio.

Enrique Crespo Rubio, el encargado este año de la plegaria al Santísimo Cristo de las Injurias, minutos antes de realizar la ofrenda del silencio para que los hermanos de la cofradía que venera esta imagen partieran desde la Catedral para recorrer las principales calles de Zamora, ha solicitado que su imagen "sirva para recuperar aquellos devotos sentimientos que hemos ido olvidando por los avatares de la vida". De esta manera, ante una plaza de la Catedral abarrotada de gente, Crespo Rubio ha pedido que ayude a todos los cristianos "a conservar la caridad y la misericordia, compromiso que recibimos con el bautismo, que confesamos cuando tomamos la primera comunión y que asumimos cuando te acompañamos por primera vez en esta santa procesión".

 

La plegaria del elegido este año por la junta de la real cofradía, que desde el pasado año selecciona a un personaje relevante para esta hermandad, tras años realizando este acto el alcalde de la ciudad, se ha centrado en fomentar las bondades cristianas, una ardua tarea en los tiempos que corren. "Este silencio hoy nos recuerda que somos pecadores, que hemos injuriado, pero también que, como cristianos, somos capaces de pedir perdón por ello", ha comenzado tras tomar la palabra. Haciendo suyo el sentimiento de todos los presentes, ha señalado que "Zamora, afligida, viene a suplicar piedad, a rogar consuelo. Y tú, Jesús, clavado con los brazos en cruz para acogernos, escucha nuestras preces y nuestras súplicas y deja que nos refugiemos en ellos", ha suplicado a la imagen titular de la hermandad.

 

El autor ha reconocido estar orgulloso en esos momentos de "representar a las gentes de Zamora, a nuestras familias, a los hermanos vivos del Silencio y a los difuntos", ha enumerado, para solicitar a continuación que el amor de Cristo "nos conforte antes las dificultades y nos llene de esperanza en la vida".

 

También ha realizado un guiño a su profesión de médico cirujano cuando ha hecho una mención especial a los enfermos, traumatizados y heridos. "Por aquellos que sufren en la cama de un hospital o en la soledad de su habitación, ofréceles Señor el bálsamo, el aliento, que no te ofrecieron en Galilea. Y porque en tu pasión sufriste los más crueles escarnios físicos, los más perversos suplicios carnales y no recibiste el consuelo de los hombres, nunca abandones a quienes sufren cualquier forma de padecimiento".

 

Por último, ha ofrecido "este humilde sacrificio del silencio" de toda una ciudad para que tenga piedad del pueblo de Zamora "y de nuestra España. Cristo redentor, ayúdanos a propagar el evangelio que custodia la Iglesia y para ello la ciudad, que en este miércoles de tinieblas te ofrece su silencio y recogimiento, implora tu perdón y pide tu bendición", ha finalizado.

 

Tras sus palabras, se ha puesto el caperuz para, como hermano de esta cofradía, comenzar a desfilar junto al resto de compañeros, después de que el obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, con todos los cofrades de rodillas en la plaza, les haya pedido juramento, al que han respondido con un solemne "sí, juramos". "Si lo cumplís, que el señor, en su infinito amor, os lo premie. Y si no, que con su misericordia, os lo perdone", ha señalado el obispo.

 

Así, tras el juramento, el silencio se hizo realidad en Zamora, para que los cofrades que componen la Hermandad del Cristo de las Injurias recorrieran la ciudad en el más absoluto de los silencios. El paso principal de esta procesión es el Cristo de las Injurias, considerado por muchos como el mejor crucificado del renacimiento español, y de autoría anónima.

 

A este crucificado, que recibe una gran veneración, se le conoce también como Cristo de las tres miradas y se encuentra expuesto al culto en la Catedral zamorana. Los hermanos de esta cofradía visten túnica de estameña blanca, caperúz de terciopelo rojo, con el distintivo de la Hermandad en la pechera, cíngulo y guantes blancos y portan un hachón con vela.

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