CIPARISO y EL CIERVO SOLAR
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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

CIPARISO y EL CIERVO SOLAR

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Érase una vez …

Cipariso, hijo de Télefo, descendiente de Heracles, dispuso inicialmente de un espacio secreto con Apolo, una concreta fisonomía ascendente que se cristalizará en un ciprés, cristal de luz que permitió ascender con las correas vegetales de las clemátides al jardín de los ciervos de la diosa del amor de Tiziano.

Enredados al ciprés vulcanizado, en la cima, se atiende la mirada de un ciervo solar para enfatizar la poética de la transformación.

Replanteamiento de la fragilidad en el bosque solar.

Ciprés invertido con raíces ornadas por flores secas del huerto de un guerrero japonés.

Flores que expresan la evaporación de la vida, una sequedad del vigor efímero del tránsito, clarividencia de Cipariso abrazado a su ciervo, preámbulo de la novela de Bambi de 1923.

Kyparissos cupresus; ciprés toscano dedicado a los animales amados desde el símbolo de flor solar.

Ciervo sagrado de las ninfas de la Naturaleza, animal solar que deambula entre los sonidos de Apolo, dulces melodías de Ovidio.

Ciervo enorme con collares que recamaron con perlas las guirnaldas de Eros; gigantesco Ciervo, que bebe de los manantiales cristalinos de las ninfas de los bosques.

Animal encantado, amado por Cipariso.

Templa la cítara.

Ciervo que será llorado por mí. Acompañaré tu dolor.

¡Al fallecer, Cipariso se transformó en Ciprés solar!

Cipariso, mito helénico elogiado en Pompeya y en la literatura artística latina, se relacionó con Céfiro, aunque no lograron amarse; Silvano se enamoró de Cipariso, pero el espíritu de los bosques sintió el desamor con desazón.

Tempestuosa visión de bosques y montañas que arroja sombras sobre el ciervo amado por Cipariso.

El Ciervo, consagrado a la Ninfas, se cubre con guirnaldas y oro por deseo de su amado Cipariso, que se ha unido al sagrado animal para envolver juntos la luz interior.

Tras la muerte del ciervo, abatido y solitario, pidió a Apolo transformarse en Ciprés. En plena mutación, sus sentimientos viajaban con él, para desvanecerse tan pronto cómo se abrió la ventana de su alma y fundirse con su ciervo.

Reunidos de nuevo, los hilos y las nubes, los aromas dorados del ciprés, se exportaban entre las lágrimas de lluvia de luz del bosque; sobre la cima del ciprés, entre las nubes, el ciervo divisaba a una cierva blanca.

…   

Presencia y ausencia. Ocupado, desocupado.

Lo animal, lo ideal.

Los animales son leales, nos humanizan.

Artemisa se transforma en oso o en ciervo para revestirse de blanco y conmemorar el ritual del diluvio; dentro del bosque, la diosa luna se transforma en árbol lunar.

La cierva blanca se desplaza con sigilo, desde la calzada romana, al ciruelo en flor, para unir el cielo con la tierra, al encarnar el pasaje femenino que guía el carro solemne de Artemisa.

Ante el cerezo en flor, símbolo del encuentro de sí mismo en la cultura japonesa, las cerezas pintas elaboraron la floresta bienamada.

Ella le cubrió con sus alas.

En Japón, la flor de cerezo es un símbolo de pureza y belleza.

Los pétalos portados por el viento, subliman la vida ideal de los dos ciervos en flor.

El oído del ciervo se nutre de la Prudencia (alegoría) de la diosa de los bosques; su vínculo con las melodías de Apolo, compone partituras que alimentan a Plinio el Viejo. Atraído por las canciones orientales, busca las madrigueras en los paisajes conquistados por los militares romanos de Adriano.

¡Soplos desde la madriguera!

¡Soplos desde los Triunfos de Petrarca!

El ciervo se identifica con el árbol de la vida, con la cierva representan el crecimiento espiritual desde la fertilidad, al ser símbolo de la melancolía, necesita la soledad para reposar su ardor sexual en época de celo.

Los dos ciervos solares son conductores de almas, al identificarse con el árbol de la vida.

La Naturaleza ordena y manda, las formas y la iconografía son determinadas por los ciervos para aportar libertad al bosque coloreado.

El vacío y el hueco.

La iconología de la oquedad se convierte en uno de los ideales y debates del arte de la madre naturaleza.

-Veo a dos ciervos en una tumba del siglo VI, en el castello Sforza; el ciervo sediento busca la fuente ante la fiel cierva, en torno a los ciervos florecen rosales en alusión al jardín del paraíso…

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