Javier alvarez fari%c3%b1a original

‘Entre hojas y huellas’

Javier Álvarez Fariña

Identidad

Identidad detail

Suelen escapar sus ilusiones a las cimas, se pierden en ellas, sujetas a raíces constreñidas. Sin embargo se perpetúa el deseo aldeano por sentir su voz, como una fuerza que anhela el rebrotar frente a tanta inconsciencia desparramada. Persiste lo rural por ser una añoranza identitaria, de vivir en el recuerdo de frío invierno y mañana escarchada, de fulgor incansable al upupar de la dama parda de cresta listada.

 

Cual troncos desperdigados, los pueblos siguen por ahí vivos, con raciones de enseñanzas por dar para quien quiera recibir, que nos son pocos los despistados que pasan de largo por sus calles despejadas proclamando, además, la propiedad sobre unas raíces más profundas que su entendimiento. En los pueblos palpita aún mucho del sentimiento colectivo, uno que moldeó toda esta tierra encerrada en una (o varias) lenguas y entre otras tantas culturas, tan malinterpretadas y malgastadas ahora, tan en desuso en su fuero interno, en su versión real, en su núcleo característico. Por eso, viendo cómo malviven, así sí corre peor suerte el perdido por olvidado que el no hallado.

 

Dicen: si símbolos habéis de buscar, reconózcanlos como son y sienten, pacientes y sinceros; muestren nuestro fuero hoy marchito entre tanto bebedero de vanidad de camarilla e ínfulas huecas, sin identidad. Parecen decir: mirad aquí, pues siguen en pie estas paredes de puro polvo, con su lana incrustada como a rebañadura y sus lágrimas secas de llorar al recuerdo, conscientes como somos de la trampa puesta por una nostalgia que nos hace tirar de frente. Cuentan: mirad estos anchos pulmones, de masa ambarina y sentido vuelo, de piñones esparcidos y riachuelos ahogados, y de paso firme y tacto roturado, que, aún pudiendo y debiendo, no levantan quejas por su cuerpo subastado.

 

Ahoga el despertar, sí, pero igual de inútil resulta intentar atrapar la luz del sol cuando ilumina a su antojo o las briznas del viento en el instante en el que sopla de copa en copa, que fijar frontera afónica al corazón del pueblo y su latir, porque más que hispano es de aquí de siempre, y aunque no pinte, sí susurrará. Y si no, pregunten al que da calor y al que da aliento, amigos fieles, pese a que, lástima, son de poco hablar.

Comentarios

Caragato 18/03/2019 11:55 #1
Grandes los pueblos! Ni casa de verano en la playa ni nada, casa en el Pueblo para desconectar o conectar mas bien con todo.

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: