Silueta original

Feliz con poco

Félix Martín Santos
@FMSFelizconpoco

Joyas de la Tierra de Lara: Del neolítico del dolmen de Cubillejo de Lara hasta los castros celtas de Peñalara y La Muela

Visitar el antiguo Alfoz de Lara es una forma de incrementar integralmente nuestra salud, pues junto a la bonhomía de su gente hallaremos una tierra fertilizada por la historia y el arte, en la que conviven dólmenes del neolítico con restos celtas, vestigios romanos, ermitas visigóticas, iglesias románicas y gótico-renacentistas, en torno a Peñalara y al picón De Lara, donde aún permanecen los restos del castillo en el que nació Fernán González (910), otrora Conde de Castilla, Burgos, Álava, Lantarón y Cerezo.

En el artículo que ahora se publica describiremos una parte de esta amalgama de arte e historia, la que corresponde a los siguientes hitos: el yacimiento de icnitas de dinosaurios de Quintanilla de las Viñas, el dolmen de Cubillejo de Lara, la portada de la iglesia parroquial de este pueblo, la ascensión a Peñalara para ver los restos de un castro celta de la Primera Edad del Hierro, así como los avatares de una efímera vía Ferrata y el frustrado intento de convertir este emblemático sinclinal colgado en una cantera a cielo abierto de caliza, que admite el pulido. Posteriormente, descenderemos por unos escalones de piedra, a fin de llegar al segundo emplazamiento arqueológico, el Morillón o la Muela (1184 m.) donde se asentó un castro de la Segunda Edad del Hierro, así como la necrópolis del poblado primitivo.

 

Acceso

 

Para llegar a la Tierra de Lara desde Burgos, saldremos por la autovía del norte (A1) para enseguida salir por la derecha, a fin de coger la Nacional 234, por la que completaremos los 36 kilómetros que distan hasta el cruce que nos llevará, en corto trayecto, hasta Quintanilla de las Viñas. De aquí a Cubillejo de Lara sólo quedan unos 3 kilómetros.

 

Icnitas de dinosaurios

 

Tras salir de la nacional de Burgos a Sagunto (N-340) con objeto de recorrer los tres kilómetros que distan hasta Quintanilla de las Viñas, encontramos, a mitad de camino, el primer elemento artístico y patrimonial que veremos en este contenido, el que corresponde a un yacimiento de hace 144 millones de años, del jurásico superior-cretácico inferior (las Sereas 7), en el que pueden observarse icnitas o huellas de dinosaurios en buen estado de conservación.

 

Yacimiento Las Sereas 7: icnitas de dinosaurios de hace 144 millones de años. Quintqnilla de las Viñas (Burgos).

 

Yacimiento del jurásico superior-cretácico inferior: icnitas de dinosaurios. Quintanilla de las Viñas

 

 Huellas de dinosaurios (icnitas) del yacimiento del jurásico superior-cretácico inferior (Las Sereas 7) de Quintanilla de las viñas (Burgos).

 

Dolmen de Cubillejo de Lara

 

Después de recrearnos con la contemplación de las huellas de los dinosaurios referidas, recorreremos el poco trecho que nos queda hasta Quintanilla de las Viñas y, luego, Cubillejo de Lara, donde empezaremos nuestra ruta, visitando un notable dolmen.

 

Entre los varios accesos a este monumento megalítico, el más cómodo es el que parte del propio Cubillejo de Lara, pues se trata de un camino relativamente ancho y bien trazado que surge, a nuestra izquierda, a los pocos metros de rebasar este pueblo en dirección al oeste, al vecino Cubillo del César.

 

Si nos adentramos en el camino citado, andaremos como unos dos kilómetros entre tierras de labor, al sur, mirando al Castillejo y la Muela, cumbres de la sierra de las Mamblas, hasta llegar a un pequeño cruce de arroyos, a nuestra derecha, en donde sobresale un dolmen de sepulcro corredor, construido por pueblos agrícolas y ganaderos del neolítico (en el cuarto milenio antes de Jesucristo), con objeto de honrar a sus seres más queridos y, al tiempo, hacer patente su dominio de la tierra que cultivaban.

 

Dolmen del Cubillejo de Lara. 29 de diciembre del 2019, a las 17 horas, 25 minutos).

 

Si nos fijamos un poco en los elementos arquitectónicos de este Bien de Interés Cultural (BIC), observaremos una cámara circular (de 4,5 a 6 metros de diámetro), que deja ver diez ortostatos de caliza, de tamaño desigual, rodeados por otros catorce bloques de piedra (anillo pericameral).

 

El corredor, orientado al sureste, está formado por seis lajas de piedra a cada lado, dispuestas paralelamente (1,5 metros de anchura), a fin de adoptar la forma de pasillo o galería de acceso (10,5 metros de longitud) a la cámara sepulcral.

 

Dolmen de Cubillejo de Lara, con el Castillejo y la Muela, a la derecha, al sureste. 29 de diciembre del 2019, a las 17 h. 25 m

 

En la última laja (ortostato) de la pared derecha del corredor, la inmediatamente en contacto con la cámara circular, aparecen una serie de grabados (petroglifos): dos esquemáticos cuadrúpedos y una especie de ramaje, que más vale que se protejan, pues al efecto erosivo de los elementos meteorológicos (lluvia, viento y heladas) se suman los antrópicos, aún más erosivos y devastadores.

 

Dolmen de Cubillejo de Lara: Grabado de un cuadrúpedo. la última piedra que se ilumina por el sol naciente del solsticio de invierno

 

En la excavación de la cámara sepulcral se halló un singular brazalete o pulsera efectuada con conchas de moluscos bivalvos (Glycymeris), impropia de estas tierras del interior, lo que sugiere una procedencia fruto del intercambio comercial con el Levante, en torno a la segunda mitad del IV milenio antes de Jesucristo, como apuntan Delibes de Castro y Rojo Guerra. Este brazalete se expone en una sala del Museo de Burgos.

 

  

Museo Arqueológico de Burgos: Brazalete hallado en la excavación de la cámara sepulcral del Dolmen de Cubillejo de Lara

 

Iluminación del pasillo corredor y cámara sepulcral por el sol naciente del solsticio de invierno

 

En junio del 2018 se publicó (Munibe Antropología-Arqueología) un notable trabajo científico, firmado por Rodrigo Gil Merino, Miguel Moreno, Germán Delibes y Rodrigo Villalobos, investigadores de las universidades de Cantabria, Burgos y Valladolid, en el que analizaron y explicaron los efectos de la iluminación solar durante el solsticio de invierno en los dólmenes del corredor de la provincia de Burgos.

 

Dolmen de Cubillejo de Lara: durante el solsticio de invierno, el sol entra por el pasillo corredor hasta la cámara sepulcral. Cortesía de Serafín Mansilla.

 

En esta investigación comprobaron, sobre el terreno, cómo los hombres del neolítico orientaban minuciosamente sus dólmenes para que la luz del sol naciente los iluminara durante unos pocos días, al comienzo del invierno.  Por ello, dedujeron que los que planificaban y construían estos dólmenes eran verdaderos especialistas que conocían profundamente el calendario solar, lo que les permitía aportar un auténtico espectáculo luminoso a sus ceremonias y actividades funerarias.

 

Dado que el corredor de nuestro dolmen se sitúa algo más al sur que la salida del sol en el solsticio de invierno (128 º de azimut), los autores de esta investigación pudieron observar el fenómeno de la iluminación durante casi dos horas (103 minutos), a pesar de visitarlo el 25 de enero. Además, como carece de obstáculos en el horizonte, el sol naciente pronto incide sobre la mitad inferior del ortostato de cabecera, para desplazarse progresivamente por la cámara hacia el tramo proximal de la pared este del corredor hasta acabar iluminando la losa con los grabados descritos anteriormente.

 

Portada de la iglesia de San Martín

 

Antes de emprender el camino a Peñalara merece la pena detenerse para contemplar la elegante portada renacentista de la iglesia de Cubillejo de Lara, cuyo santo titular es San Martín.

 

Portada de la Iglesia de San Martín. Cubillejo de Lara (21-06-2020)

 

La puerta de acceso tiene un arco de medio punto, con siete dovelas decoradas con figuras trapezoidales en cuyo interior figuran dos puntas de diamante orladas por pétalos florales, sustentado por dos pilastras. A ambos lados aparecen dos hornacinas huecas, a su vez enmarcadas por sendas columnas de fuste estriado en sus dos tercios superiores, en tanto que el tercio inferior está decorado por una doble cortina en su parte alta, el resto es liso.

 

Tales fustes culminan en sencillos capiteles corintios que sostienen arquitrabe, friso y cornisa (entablamento), rematados por sendos flameros o candelabros. 

 

Su peso y estructura descansa sobre basas con toro y escocia soportados, a su vez, por dos sólidos plintos.

 

Iglesia de San Martín. Cubillejo de Lara (22-02-2020)

 

Una doble línea de imposta separa estos elementos de sostén de un arco con casetones en el intradós (figuras geométricas huecas decorando la superficie interior del arco), que cobija el tímpano, en el que destaca la imagen de San Martín, bajo otra doble hilada de casetones.

 

 Iglesia de San Martín de Cubillejo de Lara. Sobre el tímpano pueden verse una doble hilera de casetones;  el intradós del arco también está decorado con casetones.

 

San Martín aparece cortando su capa, en un escorzo sobre su caballo rampante, para regalársela al mendigo que alza su brazo derecho para recogerla mientras el santo oferente la sostiene con su diestra para cortarla con la espada que porta en su mano izquierda.

 

Tímpano de la portada de la iglesia parroquial de Cubillejo de Lara, con San Martín cortando su capa, en un escorzo sobre su caballo rampante, para regalársela al mendigo que alza su brazo derecho para recogerla mientras  el santo titular la sostiene con su diestra para cortarla con la espada que porta en su mano izquierda

 

Antes de proseguir, no quiero soslayar un hecho: la calle real de este pueblo forma parte de dos singulares caminos de peregrinación, el del Cid y el de San Olav.

 

Ascensión a Peñalara

 

Para coger el camino a Peñalara es preciso abandonar la calle real de Cubillejo  y adentrarnos por la calle Tenadas, entre la fachada oriental de la iglesia parroquial y un cercado que guarda una galería acristalada.

 

Entrando por el camino que discurre entre Cubillejo de Lara y Peñalara

 

Nada más entrar, a nuestra derecha veremos un poste de madera con una señal en la que figura escrito Peñalara y el tiempo probable para acceder a este sinclinal colgado, orientado en sentido SO-NE: 45 minutos.

 

Sinclinal colgado de Peñalara, con orientación NE-SO. Vista aérea. Cortesía de Roberto Aguado

 

Enseguida el camino gira a la izquierda, hacia el noroeste, aunque al cuarto de kilómetro describe una curva de 180 grados que nos dirige hacia el este. Justo a este nivel se aprecia una encina centenaria a la izquierda, al inicio de la curva, y una señal, al final de su trazado, indicando Peñalara.

 

Una centena de metros más adelante, dejaremos de andar por este ancho camino, un poco antes de describir una curva a la izquierda, vigilada por un milenario enebro de la miera (con su distintivo par de bandas blancas en el haz de sus hojas aciculares), para desviarnos por otro más estrecho, que arranca a nuestra derecha, justo donde mi altímetro me informa que estamos a 1.110 metros de altitud.

 

Enebro de la miera de extraordinario porte enfrente del camino que conduce a Peñalara.

 

Ahora ascendemos pisando un suelo pedregoso, ornado por un estrato arbustivo constituido por diversas especies de tomillo, candilera, espliego y aulagas, propias del encinar dominante, que, en ciertos tramos, sombrea el camino.

 

A los 1.320 metros caminados (1.189 metros de altura), empezamos a ver algunas sabinas que rompen la monotonía del encinar.

 

Durante los días estivales, en este trayecto zigzagueante, orientado al este y, en algunos tramos, al sureste,  se agradece mucho la sombra que aportan las encinas, especialmente cuando el camino se estrecha tanto como para poder tocar con los dedos de ambas manos, brazos extendidos, las ramas de estos árboles de hoja perenne, lo que acontece sobremanera cuando nos aproximamos a los dos kilómetros de subida (exactamente a los 1.850 metros, según la aplicación de mi móvil), a partir de los cuales la altitud supera los 1.200 metros.

 

Camino de Cubillejo de Lara a Peñalara: encinas sombreando la ruta

 

Tras ascender como medio kilómetro más, se observan los restos de la muralla de un castro celta de la Edad del Hierro, dispuestos a ambos lados del camino, que no deja de ser un vano que interrumpe este apilamiento de piedras.

 

Camino de Cubullejo de Lara a Peñalara: el camino atraviesa la muralla del castro celta.

 

Castro celta de Peñalara:  Tramo de muralla orientado al norte (unos 100 metros de longitud

 

Castro celta de Peñalara: tramo de muralla orientado al sur, donde destaca la sierra de las Mamblas.

 

Al llegar a la citada muralla, hemos ascendido hasta los 1.265 metros y hemos andado dos kilómetros y medio (2.460 metros), desde que cogimos este camino, a la altura de la iglesia parroquial de Cubillejo de Lara.

 

Ahora, antes de recorrer el kilómetro de longitud de este sinclinal colgado, es un buen momento para caminar por ambos lados de esta muralla, a fin de medir su distancia y, sobre todo, apreciar la panorámica de ambos extremos.

 

Panorámica del sector septentrional (noreste)  de Peñalara (Burgos). Cortesía Roberto Aguado.

 

Así, si recorremos su trayecto septentrional, pisaremos piedra durante una centena de metros, al cabo de los cuales veremos, en lontananza, estribaciones de la sierra de la Demanda, dominadas por la mole del pico Mencilla.

 

En tanto que si trazamos su sector meridional, andaremos un poco más (como unos 150 metros), para, luego, disfrutar con la contemplación de las cumbres de la sierra de las Mamblas.

 

Una vez regresado al punto de entrada, progresaremos hacia el este, pisando una alfombra mullida de tierra y yerba, donde la ausencia de árboles se ve compensada por el melódico canto de las alondras y el majestuoso planeo del buitre leonado, así como por la visión de una panorámica realmente hermosa.

 

Restos de la vía ferrata Camino del Infierno

 

Cuando hemos avanzado como medio kilómetro por la planicie de Peñalara, el piso se torna pedregoso, aunque no con guijarros sueltos sino con grandes losas planas. Si a este nivel andamos como una veintena de metros, en dirección al sur, llegaremos al precipicio, al cortado rocoso, donde aún subsisten algunas cadenas de acero incrustadas en las rocas, utilizadas en la vía ferrata “Camino del Infierno”, diseñada y construida por Santiago Gallego y Marco Aurelio Miguel, escaladores burgaleses, que empezó a funcionar en el 2010 y se desmanteló en el 2016 por discrepancias vecinales.

 

Peñalara: restos del cable de acero utilizado en la desmantelada vía ferrata Camino del Infierno (2010 al 2016). Al fondo, las moles de la Muela y del Castillejo

 

Sector de Peñalara, orientado al suroeste, por donde discurría la vía ferrata “Camino del Infierno”. Cortesía Roberto Aguado

 

Inicialmente se dotó de un cable de acero de 6 mm de grosor y 175 metros de longitud, con numerosos anclajes para progresar por la misma, así como una tirolina de 30 metros de longitud, equipada con dos cables de acero, que permitía a los más intrépidos deslizarse a 80 metros del suelo, auxiliados con una polea para cable. Tal paseo aéreo lo denominaron Puente del Purgatorio. Obviamente, durante la época de cría de la colonia de buitre leonado que se enseñorea de estos lares estaba absolutamente prohibido utilizar la vía ferrata, o sea, del 1 de enero hasta el 31 de julio.

 

Sector meridional (suroeste) de Peñalara. Al fondo, La Muela y el Picón de Lara.

 

Ahora es momento de continuar con la descripción de nuestra ruta.       

 

Foso de Peñalara

 

Tras avanzar, desde el punto anterior, como un cuarto de kilómetro sobre un terreno pétreo, parecido a un lapiaz, llegamos a una especie de fractura que atraviesa, de norte a sur, este último sector oriental de Peñalara.

 

Brecha de Peñalara, con Vega de Lara, Paules de Lara y, en lontananza, cumbres de la sierra de la Demanda, con el poderoso Mencilla.

 

Peñalara: mirando al norte, destacan Vega de Lara, Paules de Lara y las cumbres de la sierra de la Demanda

 

Desciendo a la misma, giro a la izquierda, hacia el noreste, ando unos cuarenta metros y llego al precipicio, desde donde se divisan Vega de Lara, Paules de Lara y, en lontananza, las cumbres de la sierra de la Demanda, con el prominente Mencilla.

 

Foso de Peñalara, revestido interiormente de piedra: al sur se aprecian las cumbres de la sierra de las Mamblas y más al sur las de la Peña Cervera.

 

A continuación, recorro toda la zanja de noreste a sur (unos 70 metros) para ver enmarcadas los montes de la sierra de las Mamblas.

 

¿Cuál es la verdadera naturaleza de este foso?

 

Cuando por primera vez lo visité dudaba de su verdadera naturaleza, pues si bien parecía una brecha o fractura natural, su amplitud y su revestimiento pétreo, me hacía sospechar cierta intervención humana pretérita.

 

Tales dudas fueron disipadas por Ignacio Ruiz Pérez, catedrático de historia, con el que contacté merced a la mediación de mi buen amigo Pedro Moreno, originario de esta tierra (Covarrubias) y gran adalid de la conservación y promoción de nuestro patrimonio cultural.

 

Conversar con don Ignacio fue un verdadero placer, pues, en todo momento, mostró gran empatía y notable generosidad, teniendo el gran detalle de regalarme un ejemplar de “Los castros de Lara (Lara de los Infantes, Burgos): una visión de conjunto”, que elaboró tras analizar exhaustivamente los restos arqueológicos hallados en las excavaciones efectuadas, hace 82 años, por Monteverde y Martínez, publicado en un boletín de la institución Fernán González, cuya lectura me ha resultado muy útil para comprender mejor las características del poblamiento humano en estos emplazamientos.

 

De esta suerte, pude enterarme, entre otros muchos aspectos, que, hace 40 años, dos grandes investigadores de la época, Abásolo y García Rozas, revelaron que este foso natural fue remodelado por el ser humano, con el propósito de construir una muralla, como sugiere la presencia de un gran apilamiento de piedra y tierra revistiendo las paredes que limitan el mismo, con una altura de 3 metros y una anchura de 6 metros.

 

Vértice geodésico y buzón

 

Si continuamos recorriendo este sector de Peñalara, llegaremos, tras caminar como un cuarto de kilómetro más, hasta el vértice geodésico, próximo a un buzón donde figura la máxima altura de Peñalara. 1.296 metros.

 

Buzón de Peñalara. Al fondo, Quintanilla de las Viñas y más al sur la sierra de las Mamblas.

 

Vértice geodésico de Peñalara junto al buzón instalado por los Amigos de Quintanilla de las Viñas. Al fondo, la sierra de las Mamblas. (10-06-2020)

 

La panorámica desde esta atalaya, punto más alto de Peñalara, resulta placentera, estimulante y, al tiempo, relajante. Así, si miramos al sur, observaremos el cercano Quintanilla de las Viñas y, más en lontananza, el conjunto de sinclinales colgados que constituyen los montes de la sierra de las Mamblas, descollando de izquierda a derecha, de este a oeste, los que siguen: cerro de San Cristobal (1.244 metros de altura), muy próximo a Hortigüela; Cerro de la Cueva (1.278 m.), donde está la cueva del Penuquillo; el Asentado (1.232 m.), que por el norte limita con el monte precedente gran parte  del bosque caducifolio de la dehesa de Mambrillas; el Somo (1.201 m.); Peña Alta (1.217 m.); Covatero (1.273 m.); la Muela (1.374 m.) y el Castillejo (1.347 m.), las dos cumbres más altas de esta sierra.

 

Desde Peñalara hay una vista magnífica de Quintanilla de las Viñas y, sobre todo, de la sierra de las Mamblas y, al fondo, de la Peña Cervera.

 

Más al sur, se ven los montes de la sierra de Cervera, con el dominante Valdosa.

 

En realidad, esta panorámica la empezamos a ver al poco de empezar a subir a Peñalara desde Cubillejo de Lara, pues se nos ofrece al sur durante gran parte de los dos kilómetros de subida hasta los restos de muralla del antiguo castro celta. Posteriormente, al acercarnos al borde meridional (vertiente suroeste) de Peñalara, se nos mostrará en todo su esplendor.

 

 Panorámica desde el extremo oriental de Peñalara: El Picacho (1251 m.); El Morollo (1184 m.), Picón de Lara(1161 m.), Lara de los Infantes, Campolara y cumbres de la sierra de la Demanda.

 

Si dirigimos nuestra vista al este, contemplaremos muy cerca (a 30 a 40 metros del extremo oriental de Peñalara) un pequeño promontorio rocoso, El Picacho (1.251 metros), según el mapa Iberpix 4 del Instituto Geográfico Nacional, a continuación, El Morollo (1.184 m.), que corresponde con La Muela, topónimo empleado por Monteverde en 1958, cuando describió los restos hallados de un castro de la Segunda Edad del Hierro,  luego, el Picón de Lara (1.161 m.), con los restos del castillo donde nació el conde Fernán González, por detrás del cual, a la derecha, el caserío de Lara de los Infantes, un poco más allá, Campolara, y en lontananza, cumbres de la sierra de la Demanda.

 

Ascensión a Peñalara: vista desde el extremo oriental de Peñalara.  Iberpix 4. Instituto Geográfico Nacional

 

Aljibe o fresquera

 

Al poco de sobrepasar el vértice geodésico hallamos una pequeña depresión del terreno a modo de pozo o aljibe, quizá para conservar ciertos alimentos con el hielo almacenado, cuya ulterior excavación arqueológica reveló un basurero de época bajo imperial romana, hasta una profundidad de poco más de un metro, según me refirió Ignacio Ruiz.

 

Peñalara. Pequeño pozo en la planicie de Peñalara.

 

Monolito homenaje a David García Alonso

 

Un poco más adelante, cerca del borde oriental de Peñalara, aparece una especie de monolito triangular con una placa metálica que recuerda a un gran alcalde de Mambrillas de Lara: David García Alonso, que murió prematuramente.

 

Peñalara: Homenaje a David García Alonso

 

Muy cerca de este monolito, mirando a los montes de la Demanda, al noreste, se observan unos escalones pétreos, junto a un cartel indicador, que permiten descender de este promontorio rocoso. Pero antes, bueno será que hablemos un poco de los vestigios celtas de estos lares.

 

Castro celta de Peñalara

 

En el repositorio documental GREDOS de la Universidad de Salamanca se puede acceder a un artículo, publicado en 1958, en el que José Luis Monteverde “exhuma unas pequeñas notas” de las excavaciones arqueológicas que realizó, veinte años antes, junto al entonces director del Museo Arqueológico de Burgos, Matías Martínez, de los castros celtas de Peñalara y la Muela, cuyos hallazgos se hallan en el citado museo.

 

Tras leer exhaustivamente el citado artículo y, sobre todo, tras analizar “La visión de conjunto de los castros de Lara”, de Ignacio Ruiz Vélez, mucho más esclarecedora, pude hacerme una cierta idea de lo que aquí hubo.

 

Así, este último autor considera que en este sinclinal colgado, de forma triangular, que acabamos de describir, se distinguen dos sectores: uno, más pequeño (1,8 hectáreas) y más elevado (punto más alto, al suroeste: 1296 metros), que discurre desde el foso amurallado (unos 70 metros de longitud) hasta el extremo del triángulo (270 metros de distancia), desde el que se divisa, al este, el Picón de Lara,  La Muela y Lara de los Infantes, en el que vivió la mayor parte de la población, cual verdadera acrópolis, en la Primera Edad del Hierro, en torno al siglo V o comienzos del siglo IV antes de Jesucristo; el otro, de planta trapezoidal, de mayor superficie (9,6 hectáreas), comprendido entre la muralla anterior y la más grande (unos 250 metros), la  que nos recibe tras concluir el sendero que parte de Cubillejo de Lara, en donde el poblamiento humano fue menor.

 

"Al comienzo de la misma se hallan restos de construcciones circulares y ascendiendo hay un corte, donde comienza un castro, situado sobre la cima de la Peña, cuya altitud es de 1.294 metros sobre el nivel del mar”, refiere Monteverde en su publicación de 1958, evocando la excavación que efectuó 20 años antes con Matías Martínez. Quizá nos esté diciendo dos cosas: una, que el corte sea el que corresponde al foso amurallado; la otra, que el poblado se concentró en el sector más alto, con las citadas construcciones circulares.

 

Crepúsculo desde Peñalara (21-06-2020). Los grupos humanos que habitaron este sinclinal colgado, desde el siglo V a. C. disfrutaron de una bellísima panorámica.

 

Excavaciones de urgencia efectuadas durante el 2002

 

Durante el año 2002, la Junta de Castilla y León estableció un plan para construir una cantera a cielo abierto en Peñalara, con objeto de extraer piedra caliza, que admite el pulido, no  mármol, que suscitó la reacción de diversos colectivos de la provincia de Burgos, sensibilizados en la defensa y promoción del patrimonio natural y artístico, agrupados en la denominada Mesa de Trabajo por Peñalara, con resultados fructíferos, dado que la consejería de Industria de la Junta, tras un estudio arqueológico de urgencia, desistió finalmente en acometer tal proyecto, pues a la relevancia de los restos arqueológicos allí hallados se sumó la presencia de diversas especies de rapaces protegidas: una vigorosa colonia de buitres leonados, que crían en las paredes de esta emblemática montaña,  parejas de búhos reales, alimoches, halcón peregrino y águila real.

 

¿Cuál fue el fruto de tales excavaciones?

 

Javier Jiménez y Carmen Alonso (Cronos S.C. Arqueología y Patrimonio), responsables de estas excavaciones, comprobaron que el sector con mayor número de materiales y etapas de ocupación corresponde al de la acrópolis, dado que no sólo están representadas las dos etapas de la Edad del Hierro, sino también la tardoantigüedad, junto a vestigios visigóticos y altomedievales, a pesar de que la superficie estaba muy arrasada por la erosión y los fenómenos meteorológicos.

 

Ignacio Ruiz apunta que los restos constructivos de planta circular, cerámica bruñida, una fíbula de doble resorte, hallados por Monteverde, entre otros, corresponden a la Primera Edad del Hierro; fragmentos de cerámica decorados con espigas incisas y a peine sugieren momentos de transición; otros restos constructivos y cerámica celtibérica son propios de la Segunda Edad del Hierro; el mundo tardoantiguo está representado por ciertos restos constructivos y una decena de monedas, algunas de Constantino. Finalmente, restos de una ermita, la de San Vicente, en este sector oriental, se relacionan con una necrópolis visigoda o altomedieval.

 

Descendiendo hasta la Muela

 

Situados al borde del precipicio, nos orientaremos por una señal con la punta de la flecha indicando el este, en dirección a La Muela y al Picón de Lara, o sea, la ruta a seguir, así como por la presencia de unos escalones de descenso labrados en plena pared vertical, a los que se alude en el propio cartel: ESCALERAS.

 

Tierra de Lara: Desde Peñalara, sede de un castro celta, mirando al este, se aprecia el Picacho, La Muela, emplazamiento del castro celtibérico, y el Picón de Lara, construido por Gonzalo Fernández, padre de Fernán González, Lara de los Infantes, asentada sobre Nova Augusta, municipio romano en época Flavia

 

Cartel en el extremo nororiental de Peñalara indicando la ruta a seguir, a nivel de donde se hallan unos escalones para descender desde la cumbre, a los que se refiere:  ESCALERAS

 

Una vez localizados los escalones, tras unos momentos de titubeo y cierta zozobra, sólo hay que apoyarse en su superficie plana para ir bajando hasta la planicie subyacente, mientras observamos restos de la cadena de acero empleada en la vía ferrata, antes mencionada.

 

Cadena de acero de la vía Ferrata de Peñalara junto a los escalones que permiten descender de su cumbre

 

Nada más despegar nuestros pies del último escalón, donde se ve una especie de pegote de cemento, debemos andar, en leve descenso, un breve trecho, encarando el norte, para enseguida girar a la derecha y dirigirnos hacia el este, con la mirada puesta en un vecino promontorio rocoso (El Picacho, según el mapa IBERPIX 4 del Instituto Geográfico Nacional), que precede a  La Muela y al Picón de Lara. La vista que se nos ofrece no deja de ser estimulante.

 

De Peñalara a La Muela. Tras descender Peñalara, descuellan las siluetas del Picacho, La Muela y del Picón de Lara

 

Así, seguiremos un trayecto rectilíneo, durante una centena de metros, hasta llegar a otra señal que nos indica que son 35 minutos los que debemos emplear para llegar a los restos del castillo donde nació, en el 910, Fernán González. En este punto, mi altímetro me marca una altitud de 1.253 metros.

 

Cartel indicando que quedan 35 minutos para llegar al Picón de Lara, a los restos del castillo donde nació Fernán González. La Muela, asentamiento de un castro celtibérico, no parece ser reclamo turístico.

 

Si ahora, en vez de descender, a nuestra derecha, al sur, buscando sendas en dirección al camino que comunica Quintanilla de las Viñas con el Picón de Lara, continuáramos caminando de frente, hacia el este, llegaríamos, en breve trayecto, hasta el Picacho.

 

Una vez que accedemos a la base de este promontorio pétreo, iremos pegados a su pared meridional hasta sobrepasarla totalmente, momento en el que debemos fijarnos, a nuestra derecha, mirando al sur, en cuatro sabinas, una seca, pues llegar a la más grande será nuestro siguiente objetivo, para lo que habrá que descender por terreno quebrado, zigzagueando.

 

Desde el camino que comunica la ermita visigótica de Quintanilla de las Viñas con el Picón de Lara puede verse Peñalara y el Picacho. Por debajo del cual se hallan cuatro sabinas.

 

A continuación, hay que seguir descendiendo como otra cincuentena de metros, con objeto de acceder a un pasadizo que se abre entre las rocas, por el que nos dejaremos llevar para conectar con el sendero que nos conducirá, en corto tramo, esquivando a las espinosas aulagas, al camino que une Quintanilla de las Viñas con el citado Picón de Lara.

 

Bajando de Peñalara: Pasadizo de unos 30 metros que permite acceder al camino que une Quintanilla de las Viñas con el Picón de Lara

 

La Muela: emplazamiento de un castro de la Segunda Edad del Hierro

 

Una vez en este camino, mirando hacia el este veremos un promontorio calizo, de forma trapezoidal, El Morallo o La Muela (1.184 m) hacia donde dirigiremos nuestros pasos, pues es nuestro siguiente objetivo.

 

Vista aérea del Picón de Lara (1161), el más próximo, La Muela (1179 m), en el centro o entre medias, y Peñalara (1296 m), la más alejada y alta. Cortesía de Roberto Aguado.

 

De esta suerte, avanzaremos poco más de medio kilómetro hasta acceder a su plana cumbre (un cuarto de hectárea, según Ignacio Ruiz), donde el lecho está alfombrado por una capa de fina yerba, excepto en algunos sectores (al norte) donde se ven áreas pedregosas.

 

 Panorámica desde La Muela, mirando al sur y suroeste, con las cumbres de la sierra de la Demanda.

 

Sus antiguos pobladores también gozaron de excelentes vistas: al noroeste, Peñalara; al norte, estribaciones de la Sierra de la Demanda, con el Mencilla, al noreste; al este, el Picón de Lara; al sur, Carazo y el Alto San Carlos; al suroeste, cumbres de la Sierra de las Mamblas.

 

Si nos fijamos bien, veremos una serie de zanjas, a diversos niveles, que han de corresponder con las excavaciones efectuadas en 1938 por José Luis Monteverde y Matías Martínez.

 

También podremos ver restos de la muralla perimetral a la que se refirieron estos dos investigadores, hace 82 años: “La muralla es de piedra caliza, de sillares al parecer recortados y labrados únicamente por su cara externa, asentados en seco”.

 

Ignacio Ruiz Vélez, también refirió, en su trabajo, lo que Abásolo y García Rozas observaron tras investigar este emplazamiento en 1980: “En algunos puntos, se conserva el lienzo original de la muralla, formado por dos paramentos de sillares, poco trabajados, asentados en seco, cuyo relleno estaba compuesto por piedra suelta”.

 

Posibles restos de la muralla perimetral de La Muela, visibles según descendemos al llano que antecede al Picón de Lara, en cuya la ladera occidental (Las Ribas) podría haber estado la necrópolis de los pobladores de la Muela.

 

Afloramientos rocosos o/y antigua muralla en la ladera oriental de La Muela (Lara de los Infantes)

 

Quizá donde mejor puedan apreciarse los restos citados sea en su ladera oriental, en descenso hacia el llano que antecede al Picón de Lara, donde nos topamos con una especie de pared pétrea.

 

¿Cuál fue el fruto de la excavación efectuada por Monteverde y Matías Martínez en La Muela?

 

Primero diremos que excavaron tres casas de forma rectangular, una zanja en el centro de La Muela, una zona de vertedero, La Lámpara, y los restos de una necrópolis, que según Ignacio Ruiz corresponde con la de los celtas que habitaron la acrópolis de Peñalara, o sea, los de la Primera Edad del Hierro, pues los que se asentaron en La Muela vivieron en la Segunda Edad del Hierro, inicialmente en una etapa preceltibérica, dentro del siglo IV a.C. o comienzos del III a.C. y más tarde por celtíberos, desde el siglo III a. C. a la romanización, según el exhaustivo análisis de los materiales hallados por los primeros, depositados en el museo de Burgos, efectuado por Ignacio Ruiz.

 

En las siguientes líneas, describiremos gran parte de lo hallado por estos investigadores.

 

Zanja ubicada en La Muela, probablemente uno de los sectores donde excavaron Monteverde y Matías Martínez en 1938.

 

  1. Casas de planta rectangular

 

En el sector más oriental de este recinto excavaron varias viviendas de planta rectangular, en las que hallaron restos de cerámica, trabajada a mano, de decoración incisa, piedras de molino y diversos materiales de hierro, útiles de labor, como un tridente, dos azuelas triangulares, algún fragmento de cuchillo, anillas, entre otros, que aparecieron en una casa de planta rectangular (4 x 4 m), la número dos, situada en el sudeste de este recinto.

 

La número uno conservaba únicamente los restos de dos paredes, que marcaban un recinto rectangular, de cuatro por tres metros. En su excavación aparecieron numerosos fragmentos de cerámica lisa, perteneciente a recipientes de forma globular, con labio abierto y base plana; una piedra de afilar, de arenisca; una aguja de bronce y un largo punzón de hierro, enmangado en asta de ciervo.

 

En el sector noreste de La Muela excavaron otra casa, la número tres, también de planta rectangular (6,5 por 4 metros), a la que se adhería otra vivienda, como si estuvieran agrupadas, con una pared medianil entre ambas, sistema constructivo frecuente en otros castros de la Edad de Hierro. En el ajuar exhumado observaron múltiples fragmentos de cerámica lisa, una piedra de molino, una podadera de hierro, un punzón de asta de ciervo, entre otros. Además, en una zanja próxima a esta casa, aparecieron restos de cerámica tosca, fabricada a mano, decorada con impresiones oblongas.

 

  1. Zona central de La Muela

 

En la zona central de “La Muela”, efectuaron una cata en la que, aunque no encontraron muros de viviendas,  descubrieron algunos materiales arqueológicos, que describieron como sigue: “un cuchillo afalcatado de hierro; fragmentos de cerámica negruzca, con ornamentación incisa; dos bolas de barro con puntos incisos del tipo bien conocido en Numancia y en otros yacimientos de la Meseta; una hebilla circular de bronce, del tipo, con los cabos vueltos sobre sí mismos, y numerosos fragmentos de asta de ciervo”.

 

En otras catas que realizaron en la zona norte de este recinto, así como en la parte alta de un área que denominaron “Bañeherreros”,  tampoco hallaron restos de viviendas, aunque sí astas de ciervo labradas para mangos y fragmentos de cuchillos curvos, de hierro.

 

  1. La Lámpara

 

También efectuaron una cata de ensayo en una zona de vertedero, que denominaron “La Lámpara”, con los siguientes hallazgos: abundante cerámica negruzca, lisa e incisa; algún fragmento con pequeños mamelones en relieve y bandas de líneas incisas en SS doble, del tipo bien conocidos en los castros de la Meseta (Numancia, Cogotas, Chamartín de la Sierra…) y mangos de asta de ciervo; un fragmento de punzón de asta, rematado en forma de muleta.

 

Sector suroeste de La Muela: probable zona en la que se halló la necrópolis de la Primera Edad del Hierro (fuera de la muralla).

 

 

                d. Necrópolis

 

Junto al borde meridional del recinto situado al occidente de "La Muela", fuera de la muralla, se localizó un grupo de enterramientos de incineración, verdadera necrópolis. En las sepulturas, simples hoyos plenos de cenizas, descubrieron ajuares de bronce, sin urnas cinerarias ni fragmentos de cerámica, consistentes en diversos tipos de fíbulas (anulares; de pie largo y arco sencillo, acodado en ángulo recto; de doble resorte, con una sola pieza, de pie largo, sencillo o vuelto en ángulo recto, rematado en botoncillo); collares, brazaletes, hebillas de cinturón, múltiples anillas, enlazadas entre sí.

 

Hallazgos de la necrópolis de Peñalara exhumados por José Luis Monteverde y Matías Martínez. Museo Arqueológico de Burgos

 

Museo de Burgos: hallazgos de la necrópolis de Peñalara

 

Próximo a estos enterramientos, encontraron un montículo, a modo de túmulo, donde apareció un lote de armas de hierro: cuchillos, espadas y lanzas, en mal estado de conservación.

 

¿Dónde está la necrópolis de los habitantes de La Muela?

 

Si la necrópolis descrita por Monteverde y Martínez corresponde con la de los celtas que habitaron la acrópolis de Peñalara, cabe preguntarnos dónde recibieron sepultura los que poblaron La Muela.

 

Pues según Ignacio Ruiz, podría ubicarse en el término de Las Ribas, en el inicio de la ladera del Castillo, que mira a La Muela, donde se ha hallado cerámica celtibérica (a torno) y donde pudieron aparecer algunas fíbulas de caballito, típicas de estos pobladores.

 

No obstante, este autor cree que los celtíberos también llegaron a ocupar Peñalara, sobre todo, en la acrópolis, aunque con menor intensidad que en La Muela. De igual manera, es muy probable que La Peña fuera ocupada a finales de la Edad del Bronce, como también señala Ignacio Ruiz, a la luz de algunos vestigios, como unas puntas de lanza de bronce cuyos tubos invaden la hoja.

 

Con la romanización, la población descendió a la llanura para habitar “Nova Augusta”, que llegó a tener el rango de municipio romano, sobre la que emerge Lara de los Infantes.

 

Llegado a este punto del tema, bueno es que aclaremos que el recinto “La Muela”, que acabamos de describir, no corresponde, obviamente, con el monte homónimo, ubicado justo enfrente, mirando al sur, en la sierra de las Mamblas, en cuya cumbre (1.374 metros) también se hallan los restos de un castro celtibérico.

 

Apuntes finales

 

Estoy convencido de que la conservación y buena gestión de nuestro vasto patrimonio representa una fuente de riqueza mayor que la atribuible a presuntos negocios que sólo benefician a unos pocos, entre los que no suelen hallarse los escasos vecinos que aún pueblan tierras tan fértiles como las de la Tierra de Lara. Sería bueno que el ingenio humano se empleara para obtener verdadera riqueza de todos estos hallazgos, con el propósito de que la población humana no se vea constantemente obligada a emigrar.

 

En fin, aún tenemos que descender La Muela para llegar hasta el Picón de Lara, donde visitaremos los restos del castillo en el que nació Fernán González, conde que contribuyó decisivamente a la expansión y consolidación del condado de Castilla, dependiente, entonces, del reino asturleonés. Después, nos acercaremos hasta Lara de los Infantes, donde todavía quedan restos de la antigua Nova Augusta romana, para, finalmente, visitar la notable iglesia de Cubillo del César, en cuya fachada figura una losa con una inscripción de este municipio romano. Aunque, en realidad, todo esto lo veremos y describiremos en el artículo del siguiente mes, en tanto que la descripción y análisis de la iglesia visigótica de Quintanilla de las Viñas protagonizará otro artículo venidero.

 

Dr. Félix Martín Santos

 

Bibliografía:

 

  1. Delibes de Castro G, Rojo Guerra MA (1988) En torno al origen del foco megalítico del oriente de la Meseta: de nuevo el sepulcro de Cubillejo de Lara: Boletín del Seminario de estudios de Arte y Arqueología de la Universidad de Valladolid, v. LIV, p. 5-23. ISSN = 0210-9573
  2. Luz para ver y ser vista: los efectos de la iluminación solar durante el solsticio de invierno en los dólmenes de corredor de la provincia de Burgos. Rodrigo Gil-Merino Rubio, Miguel Moreno Gallo, Germán Delibes de Castro y Rodrigo Villalobos García.  MUNIBE Antropologia-Arkeologia nº 69 Online First Donostia, 2018  ISSN 1132-2217 • eISSN 2172-4555. Recibido: 2018-02-19 Aceptado: 2018-06-11.
  3. Los Castros de Lara (Burgos). Por J. h. Monteverde. Zephirus. https://revistas.usal.es/index.php/0514-7336/article/view/3624
  4. Ignacio Ruiz Vélez. Los castros de Lara (Lara de los Infantes, Burgos): Una visión de conjunto. Boletín de la institución Fernán González 2015/2.

 

 

Comentarios

Esther Domínguez Rojo 10/08/2020 13:21 #15
Me ha gustado mucho leer este magnífico artículo, al igual que su segunda parte. Estimulas mucho a la gente para que visite obras tan extraordinarias con profundo respeto. Tu cálido y cuidado lenguaje escrito ayuda mucho, facilita su comprensión al igual que el notable conjunto de fotos que aportas. Es un fortuna leer estos posts en este periódico digital. Generas buenos seguidores. Enhorabuena.
Lucía Rodríguez 27/07/2020 12:33 #14
Necesitamos que se publiquen muchos artículos como éste, que promocionen nuestro patrimonio cultural con gran rigor, didácticamente, muy bien ilustrado con numerosas fotos y con un lenguaje atractivo y bien escrito. Divulgar y promocionar y dar a conocer nuestras obras de arte en absoluto debe implicar que la gente las visite masivamente, sin cuidado e irrespetuosamente. Al contrario, tal y como aquí se muestra, se invita a la gente a visitar con conocimiento, respeto y sensibilidad. Siempre es esperable y deseable que no haya sujetos que prescindan de estas normas, de sensatez y respeto a la naturaleza. Aquí aprecio una gran labor educativa y motivadora para disfrutar de nuestro patrimonio, con profundo respeto. Muchas gracias.
M. Jesús Hernández 16/07/2020 13:13 #13
Tu notable descripción me ha servido para recordar con todo detalle mi visita al Dolmen de Cubillejo de Lara, monumento megalitico tipo sepulcro,a la Iglesia de San Martín, a los Castros celtas de Peñalara... Recuerdo algún comentario de las gentes de Mambrilla de Lara y de Mecerreyes discutiendo sobre el termino municipal del Dolmen. Comprendo que todo éste magnífico conjunto tenga interés cultural y sea un merecido Patrimonio histórico. Como siempre con la maestría que te caracteriza atrapas a tus seguidores.Mil gracias por tu exhaustivo artículo.
Pedro Artola 13/07/2020 00:02 #12
Gracias por darnos a conocer tan detalladamente todo lo que tenemos y de lo que muchas veces no somos conscientes. ¡Qué riqueza en todos los sentidos! Ojalá seamos capaces de conservarlo. Saludos y hasta la próxima entrega
_Inmaculada Hernández 08/07/2020 18:21 #11
Félix es una interesante ruta que tu has disfrutado y nos has dado a conocer con toda la ilusión, detalle y conocimiento de la riqueza que atesora. Nos has adentrado en su estructura geológica, en sus sinclinales colgados, al tiempo que nos has invitado a recorrer contigo a través de tus explicaciones y de las imágenes fotográficas sus monumentos megalíticos, a observar los efectos de la iluminación solar durante el solsticio de invierno en los dólmenes, has hecho que reparáramos en sus enebros y encinares, que camináramos sumergidos en el olor a espliego o tomillo, que nos sorprendiéramos ante las huellas de dinosaurios, que hiciéramos un largo viaje por su historia milenaria y por sus más recientes proyectos y has incidido en la importancia del asentamiento de la población en esta zona. Magnífica la muestra celosamente guardada en el Museo Arqueológico de Burgos con herramientas, utensilios procedentes de la necrópolis de Peñalara. Félix magnífico tu trabajo. Muchas gracias.
Jesus Maria Martinez Saiz 06/07/2020 00:23 #10
Estimado Felix, como siempre me ha impresionado tu articulo. Comentarte que desde que conocí este paraje de joven, siempre ha sido un lugar mágico para mi. Hoy me has resuelto muchos enigmas que tenia. Hace muchos años, un grupo de jóvenes tuvimos la suerte de viajar en la linea del tren Santander Mediterraneo. Nos bajábamos en el apeadero de Revilla del Campo y tras recorrer 20 kilometros por las tierras de Lara, llegábamos hasta Campolara donde tomábamos al atardecer el tren de regreso a Burgos. Pasábamos un día inolvidable recorriendo la Peña de Lara, disfrutar de la flora y fauna de su espacio natural, de imaginar como vivieron los celtas en sus castro y al Conde Fernan Gonzalez volar a sus halcones desde su castillo. Un abuelo nos contó que todos los pueblo que llevan el nombre de Lara, es debido a que tienen sus casa piedras del antiguo castillo donde nació Fernan Gonzalez.
Jesus Martinez Saiz 06/07/2020 00:05 #9
Estimado Felix, como siempre no me dejas de sorprender. He andado estas montañas hace mucho tiempo y siempre me sentí una energía especial que irradiaba en esas montañas, ahora entiendo con tu articulo que puede ser . Muchas civilizaciones han pasado y aposentado en su tierra. Mucha historia y leyendas dan nombre a la tierra de Lara. Hace años, cuando circulaba la linea de tren Santander Mediterraneo por estas tierras, un grupo de amigos completabamos la travesia desde la estación de tren de Revilla del Campo hasta Campolara, eran 30 km de distancia atravesando los bellos parajes de que describes. m
Juan Hortigüela Gómez 03/07/2020 13:57 #8
Excelente forma de promocionar el patrimonio cultural , histórico y natural, aportando datos, referencias bibliograficas, fotografías y demás elementos de rigor, alejado de la mera especulación. Además, se advierte un profundo respeto por la cultura local, flora y avifauna del entorno. Es algo que se repite en todos tus artículos, incluso en dos de la dehesa de Mambrillas de Lara nos muestras a uno de los últimos pastores castellanos, con sus ovejas pastando en extensivo por la dehesa de Mambrillas (febrero y marzo del 2018). Muy buenas tus reflexiones finales. Enhorabuena y muchas gracias.
Ramón Sevillano 03/07/2020 09:06 #7
Magnifico articulo, y gracias por la bibliografía aportada. Voy mucho por ahí y no tenía claro si era un castro, dos, La muralla parecia muralla, oero el foso natural no sabia que habia sido muralla y separaba en dos el castro, ni tenía muy claro lo del castro de la muela. En fin un lujo, muchas gracias
The easy cure 02/07/2020 14:54 #6
Se vive para y por el turismo. Pero quien se acuerda de los pastores en extensivo del entorno de la peña? Ah, que las ovejas huelen mal....Y es más cuqui sentirse un explorador urbanocéntrico. Que pena!

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