La humildad sobrepasa los límites
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La humildad sobrepasa los límites

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Muchos empiezan cada día pensando algo como esto: "humildad es igual a debilidad". Entienden la vida de la forma equivocada, porque los fuertes rompen las barreras de la vida mientras los débiles tratan de destruir a los demás. Humildad es fortaleza.

Estar al cargo en la vida va más allá de lo personal y profesional. Es un puesto en el que tienes que tomar la iniciativa por delante de todo lo que suponga una barrera, Y eso no es fácil para quien no tenga interiorizado que no lo sabemos todo y que podemos necesitar ayuda, y si no que se lo pregunten a Adán, que necesitó un toque divino para ver el mundo.

    Todo el mundo tiene algo importante que aportar, como nosotros, pero no todos saben cómo sacarlo al juego y sufren por ello. Por ello el valor es un arma vital para el crecimiento de una persona, una familia o una organización, porque es lo que se necesita para entender qué está yendo mal y qué se puede hacer para solucionarlo. ¿Nunca has oído hablar de que en momentos de presión solo unos pocos son capaces de no derrumbarse, personas a las que parece no afectarles nada y llevan a los demás hacia la salida? Esas personas aceptaron lo que eran, fueron humildes cuando se necesitaba, y se dedicaron a aprender sobre sí mismos y sobre la vida.

    En verdad cualquier cambio que hagamos de "dentro a fuera" da un poco de miedo. Porque los límites de la zona de confort nunca son un parque de juegos, son algo tangible, real, te golpea y duele. Es una metamorfosis que no acepta débiles, solo principios sólidos de ir a por algo mejor aunque todavía no se disponga de todos los detalles acerca de hacia dónde nos dirigimos. La vida no puede ser controlada, como mucho es una ligera idea de por dónde la queremos conducir y mucho de improvisación, eso es lo que marca la diferencia.

    Me atrevería a apostar a que sin confianza, ni valor, no puede haber humildad para aceptar la derrota ni pasión para seguir el camino. Y sin valor no hay acción, y sin acción no hay premio. ¿Y cuál es el premio? Creo que a estas alturas en las que todos hemos tenido en nuestras manos la gama completa de colores que ofrece la vida, entendemos que el éxito o el premio, o lo que algunos gurús espirituales quieran exigirte que lo llames, es el equilibrio entre saber quiénes somos y la clase de vida que nos rodea.

    Economía, vestuario, cultura, nada es malo si no lo convertimos en un valor personal, en nuestra marca de presentación. Pero si no ocurre nada de esto, ¿por qué no disfrutarlo?  La humildad no va ligada al rechazo social, sino al crecimiento personal deliberado, esto es, a buscar qué nos hace felices y no permitir que valores extrínsecos lo hagan por nosotros.

    ¿Cómo se manifiesta la humildad en la vida? Como dice Stephen M.R Covey preocupándonos más por lo que es correcto que por tener razón, obrar aplicando buenas ideas que tener las ideas, adoptar una nueva verdad que defender posiciones anticuadas. Se manifiesta siendo grandes por dentro aunque todo lo que nos rodea nos quiera hacer pequeños. Por eso la humildad es fortaleza, y los fuertes de verdad no se achican ni amedrentan, se enfrentan a sus propias debilidades.

    Ser capaces de producir resultados positivos a pesar de nunca ejercer un control real sobre las cosas es la razón por la que la palabra valor cobra su sentido, y al explorar los principios que llevan a las vidas excelentes puedes creer que sin valor ni humildad, nunca llegarás entender lo grande que puede llegar a ser.

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