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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

Desarrolla tu... gestión emocional III

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Y por fin vamos a por la tercera y última parte de esta trilogía para lograr desarrollar tu gestión emocional (si es que actualmente uno no es nadie si no tiene una trilogía a sus espaldas). Te recuerdo que en el primer artículo te invitaba a que mejoraras tu conocimiento sobre cuál es la causa real de tus emociones, en el segundo te invitaba a entrenar tu habilidad para discernir emociones beneficiosas y perjudiciales, y en este veremos cómo lograr modificar tus emociones perjudiciales por otras más beneficiosas ¡Allá vamos!

 

Como vimos en el anterior artículo, las emociones se generan por nuestra interpretación de la realidad. Y precisamente ahí es donde reside nuestra capacidad para cambiar nuestras emociones. Porque podemos modificar nuestros pensamientos, por lo tanto, nuestras valoraciones e interpretaciones de lo que ocurre y, por ende, nuestras emociones.

 

Porque la competencia gestión emocional es precisamente trata de eso. Es verdad que para conseguirlo, primero tienes que reconocer tus propias emociones y después saber cuáles son sus causas, pero si no las cambias tus emociones cuando te están perjudicando, honestamente, no te han servido para nada los dos pasos anteriores.

 

Esto significa que una persona debe aprender a modificar la intensidad de la emoción perjudicial que siente y debe entrenarse para conseguirlo. Pero no es recomendable cambiar una determinada emoción por otra de una categoría diferente. Me explico. Si sientes ira es bueno que cambies la ira por el enfado, es decir, por una emoción de la misma categoría pero menor en intensidad. Porque la ira (una emoción extrema) no te beneficia en absoluto porque puedes llegar a hacer cosas de las que te puedes arrepentir, pero con el enfado es menos probable, se gestiona mejor. Pero cambiar la ira por una emoción positiva (el amor, la alegría…) sería muy poco recomendable: si te sienta algo mal, no puede sentarte bien, porque si consiguieras eso quizá dejarías de ser tú mismo. Pasa lo mismo con el terror (emoción extrema no beneficiosa) y el miedo (emoción menos extrema) o la preocupación (incluso menos intensa que el miedo). Si sientes terror a viajar en avión, es bueno cambiar ese terror por preocupación. Cambiar el terror a volar en avión por entusiasmo es francamente muy muy difícil.

 

El objetivo del ejercicio de esta semana es ejercitar el cambio de pensamientos para modificar la intensidad de una emoción determinada. El pensamiento humano que lleva a las emociones es inconsciente, automático y casi instantáneo. Por eso convertirlo en palabras es una habilidad que no todas las personas han desarrollado. Por eso te animo a que te esfuerces por ser consciente de los pensamientos que te llevan a sentirte de una determinada manera.

 

Algunos de esos pensamientos, que la gran mayoría de las veces llevan a emociones extremas, son dicotómicos y extremos: «esto es insoportable», «esto es terrible», «nunca saldremos de esta situación», etc. Son dicotómicos porque establecen una realidad en blanco o negro, sólo existen dos polos, que son opuestos y los puntos intermedios no existen. Por ejemplo, la frase «es insoportable» establece que ante una situación determinada, la llevas bien o es insoportable, no hay otras maneras de tomarse la situación (como por ejemplo, la situación del coronavirus y todos los cambios que está produciendo en nuestras vidas).

 

Para modificar esta interpretación de la realidad la manera más eficaz de hacerlo es mediante el uso de la razón. Es verdad que el ser humano es absolutamente irracional, pero tenemos la ventaja (a diferencia de otros animales) de poder razonar si nos esforzamos lo suficiente. Y ante este pensamiento catastrófico los contraargumentos son bastante obvios. Algunos de ellos son:

  • El que uno no lleve bien esta situación, no significa irremediablemente que la situación sea insoportable. Desde el extremo «lo llevo bien» al extremo «es insoportable» existen muchos grados intermedios de aguante
  • Existen muchas personas en el mundo que son capaces de soportar situaciones incluso mucho peores que esta, lo que significa que la situación no puede ser insoportable por definición, sino que depende de cómo la interpretes tú (si has leído el artículo anterior, esto ya lo sabías)
  • El que sigas vivo es una demostración de que puedes soportar esta situación, si fuera realmente insoportable estarías muerto

Hay muchos otros pensamientos que uno puede tener ante una situación como la que estamos viviendo para sentirse realmente mal y perjudicarse. Por ejemplo:

  • «No debería estar pasando esto». El contraargumento es obvio: no existe ninguna ley en el universo que diga que esto no pudiera ocurrir, por lo tanto, puede pasar (la demostración final es que está pasando)
  • «No me merezco esto». Podemos derivar el contraargumento anterior para contrarrestar este: el universo no tiene un listado de premios y castigos para ir utilizándoles exclusivamente contigo
  • «Esto no es justo». ¿De verdad a estas alturas sigues creyendo que lo que ocurre en el mundo es justo? ¿En serio crees que existe la justicia en el universo? Díselo a los dinosaurios. No hay concepto más subjetivo que la justicia.

 

Es cierto que modificar los pensamientos y, por lo tanto, tus interpretaciones no hará que te sientas bien (sería absurdo como he explicado antes), pero rebajará la intensidad de tu emoción. Y en una situación como la que estamos viviendo puede hacerte pasar de la desesperación a la incomodidad. Y créeme, eso es un enorme cambio.

 

Gracias por leer.

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