Juan hace un proceso de selección para comprarse un coche (Parte III)
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Para profesionales

Raúl García Díaz
Reflexiones y consejos para verdaderos profesionales, independientemente del puesto y del sector en el que trabajen.

Juan hace un proceso de selección para comprarse un coche (Parte III)

Coche detail

Las entrevistas fueron un desastre aunque Juan se preparó concienzudamente para hacerlas. Pero tras las entrevistas seguía con las mismas dudas que al principio. ¿Son lo suficientemente buenos los candidatos? ¿Hay alguno mejor que otro? La verdad es que Juan no lo sabía, así que quizá eligiera el más barato. El dinero también es un criterio importante para tomar una decisión, ¿verdad? Es el criterio que Juan utiliza habitualmente para comprar leche en el supermercado, así que no podía ser un mal criterio. Juan para prepararse bien había leído en internet todas las guías que había encontrado para hacer entrevistas de selección. Incluso se había apuntado la pregunta clave que iba a hacer. Esa que iba a marcar la diferencia. Aunque sinceramente no le habían servido de mucho.

 

“¿Cuál es tu superpoder?”, le preguntó al primer candidato. Y el candidato contestó que no lo sabía, que creía que no tenía ninguno. Esa contestación desesperó a Juan, porque para él esa respuesta era la prueba inequívoca de que los candidatos no se preparaban las entrevistas y así era imposible. En fin… El segundo candidato sí le contestó, en concreto le dijo que él era capaz de leer la mente de las personas. Le dio mala espina, sobre todo porque temió que le estuviera leyendo la suya en ese preciso instante y no estaba pensando en nada agradable para el candidato. Así que se despidió bruscamente y colgó el teléfono. Inmediatamente después de colgar pensó que de nada serviría porque podría seguir leyéndole la mente aunque no estuviera ya al teléfono. Decidió cambiar la pregunta clave por otra.

 

“Si fueras un animal ¿cuál serías?”, preguntó al tercer candidato. Después de tres minutos de pausa, el candidato respondió: “¿Puedo elegir una planta?”. A Juan se le empezaron a hinchar las narices. “Una planta no es un animal”, respondió Juan cortésmente. Pero el candidato siguió en sus trece: “Pero es un ser vivo y también tiene derechos, como cualquier ser vivo”. “Sí, pero esta entrevista la estoy haciendo yo y yo digo entre qué seres vivos hay que elegir”, puntualizó Juan casi a punto de explotar. “Pues elijo un camaleón”. Juan se quedó pensando un buen rato totalmente descolocado, ¿por qué habrá elegido un camaleón? ¿Será por su capacidad para mimetizarse con el entorno? ¿Quizá por tener una lengua extensible y pegajosa? ¿O por sus andares lentos pero seguros por las ramas de los árboles? No pudo aguantarse y le preguntó al candidato: “¿Por qué has elegido al camaleón?”. El candidato respondió: “Porque el camaleón combina el descanso de una cama con la ferocidad de un león”. Juan colgó el teléfono.

 

La entrevista con el cuarto candidato fue bien desde el principio, hasta justamente la pregunta clave que había preparado para él: “¿Dónde te ves en 5 años?”. “Me veo en la calle”, respondió el candidato. “No, hombre, algún trabajo encontrarás…”, dijo Juan tratando de animarle. “Conduciendo por las calles, me refiero” aclaró el candidato. Juan colgó el teléfono. No le gustaban los candidatos listillos. Para listillo ya estaba él. Tampoco le gustaban los candidatos graciosos. Para gracioso ya estaba él. Ni los candidatos seguros de sí mismos. Para eso también estaba él. Ni siquiera le gustaban los candidatos bordes.

 

Llegó la entrevista con el quinto candidato y último de la lista. Había estado pensando durante toda la noche qué pregunta clave le iba a hacer. Tenía varias opciones, pero todas le parecían muy buenas preguntas: ¿Qué tres cosas te llevarías a una isla desierta? ¿Qué nombre elegirías para una taza de café? ¿Cómo reaccionarías si tu jefe te cuenta un chiste y no te hace gracia? ¿Qué superhéroe serías? ¿Cuál es tu color preferido? Pero al final se decidió por la gran pregunta clave:  “Dime tres razones por las que no debería contratarte”. El candidato número tres se aclaró la garganta y respondió: “A veces no freno bien, las puertas no cierran del todo, mi consumo es alto y la dirección está un poco fastidiada. Pero soy un coche bueno y siempre sonrío. Además, siempre me paro en los pasos de cebra”. Juan dijo un poco apenado: “Pero es lamentable esto que me has contado ¿sabes que te deja en muy mal lugar?”. El candidato respondió: “Me ha dicho mi coach para la búsqueda de empleo que era importante ser sincero y que era mucho más  importante mostrar que eres un candidato bueno”. Juan le dio las gracias por su sinceridad y decidió ser, al igual que él, absolutamente honesto. Le dijo: “No sé si serás un candidato bueno, lo que es seguro es que no eres un buen candidato. Por lo que no serás el candidato elegido”. Y colgó el teléfono.

 

Continuará…

 

Gracias por leer.

 

Raúl García Díaz es director de la consultora de recursos humanos Entrepersonas

www.entrepersonas.com

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