Mejor cárceles que hospitales
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Mejor cárceles que hospitales

Estamos sufriendo el rebrote anunciado, algo que yo no quería creer, ¡bah!, seguro que es un invento para acojonarnos, pero resulta que no, que quienes lo decían van a tener razón, entre otras cosas porque la abundancia de tarambanas, descerebrados, tontos de capirote, irresponsables y gentuza, incluido el gobierno, que colabora en importar contagiados africanos y en distribuirlos por todo el territorio, gente a la que importa la salud y el bienestar de sus conciudadanos lo mismo que a los quintos de Manganeses el daño de la cabra, colaboran para que el pronóstico se cumpla.


Nunca he entendido el trato discriminatorio que da la asistencia sanitaria a un motorista con respecto a un ciclista, resulta que, si te das un piñazo con la moto y te llevan a un hospital, la factura la paga el seguro o la pagas tú, sin embargo, si te la pegas con una bici disfrutas, si es que se puede decir así, del todo incluido, incluso si ibas en grupo de cuatro en paralelo o te saltas un stop intencionadamente.


Viene esto a cuento de que hay individuos que no tengo ganas de calificar, porque no me apetece listar casi todas las palabras del diccionario usadas para poner a caer de un burro al prójimo y enmierdarle hasta la saturación.


Digo yo que, si a esos irresponsables que se reúnen a puerta cerrada en las trastiendas de los bares, hacen botellones en la vía pública, fiestas multitudinarias varias, sin respeto a las más mínimas normas de seguridad, y en general, practicantes de todo aquello que constituye un ejemplo de mal ciudadano, cuando acabaran en un hospital como consecuencia de sus actos, se les pasara la factura y no solo la suya, sino la de todo aquel ciudadano que resultara contagiado o puesto en cuarentena por su culpa, igual matábamos dos pájaros de un tiro, reducir conductas incívicas y ahorrar dinero al erario público.

 

¡Ah!, y al insolvente que le importan un huevo las multas y los gastos repercutidos, porque no se le pueden cobrar, ni a él ni a su familia, además de negarle toda ayuda pública por toda la eternidad, léase Ingreso Mínimo Vital o cualquier otra prestación, por no merecida, a limpiar cunetas en el mes de agosto, hasta compensar el daño, y nada de maquinitas de esas que hacen el trabajo mas llevadero, a hoz, guadaña, azada y rastrillo o cosa a la que no se pueda enchufar ni echar gasolina, cada 100 metros un vaso de agua fresquita y cada quinientos un platito de lentejas y un mendrugo de pan y el que no quiera colaborar, allí de cutio hasta la extenuación. ¿Salvaje yo?, salvajes ellos, que lo pueden evitar, así que, si no lo hacen, leña hasta que se enderecen.

 


Y los recalcitrantes a la cárcel, sin calefacción, sin piscina, sin gimnasio, sin televisión, menú de rancho barato, biblioteca y maestros sí, por si aprenden algo, que lo dudo. Mejor construir cárceles que hospitales, mas baratas, menos medios tecnológicos caros, menos personal especializado y menos sufrimiento de inocentes.

 


He vuelto a disfrutar, por enésima vez, de una obra maestra como es -Lo que el viento se llevó-, hay que ser tarugo para considerar racista una obra de arte que lo que hace es reflejar magistralmente una situación histórica, hasta, con un poco de luces, algo de materia gris y un mínimo de cultura, se podría considerar que es todo lo contrario.

 


Por cierto, que me la he engullido acompañada de dos bolsas de conguitos, que no es que sean mi aperitivo favorito y hace lustros que no los probaba, es por si acaso la panda de esgarramantas, que tanta influencia tienen sobre la clase política, consiguen prohibir ambas cosas o empapelarte si te pillan disfrutándolas sin autorización y te obligan a viajar al extranjero para su disfrute.

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