Al sur del Campo Grande

LORENZO DÁVILA (Arquitecto)

Al sur de Campo Grande, sobre las espaldas de Colón, se puede ver la estación de Enrique Grasset que se unía en la lejanía con su gemela de Madrid, hoy reconvertida en un espacio de encuentro. Tras la estación, otro 'Campo Grande' aún mayor se extiende sin vida, como un “campo santo” tras el cual se encuentra el barrio desmembrado de Delicias.

 

Tras la llegada de la alta velocidad a la ciudad de Valladolid, la estación de Campo Grande se convierte en el espacio “conexión Madrid”, un nodo que intensifica el efecto sumidero de una ciudad que succiona toda la materia que se encuentra a su alrededor. Hoy con más de seis millones de habitantes, el “Gran Madrid”, se extiende gracias al ferrocarril a ciudades como Toledo, Guadalajara, Segovia, Cuenca, Valladolid, todas ellas a distancias medidas en tiempo equivalentes a muchas ciudades satélites, que han dejado de ser ciudades dormitorio, para convertirse en polos de atracción de un sistema mayor. Y esta es precisamente la gran oportunidad de Valladolid, protagonizar una nueva realidad que la convierta en un polo de un ecosistema que puede alcanzar los diez millones en el plazo de una década, donde el espacio que ocupan los viejos talleres de RENFE y su prolongación hasta los cuarteles de caballería, se pueden convertir en un foco de atracción de ese sistema más general que se una con otra gran operación de regeneración urbana como es el proyecto “Madrid norte”.

 

Junto a este reto, se vislumbra otro reto no menor como es la vuelta a la vida, o mejor habría que decir el alumbramiento a la vida  del Barrio de Delicias, que tiene su tridente barroco como otro barrio homónimo de Madrid, sólo que a diferencia de este último, que no sólo se cuelga del eje del Paseo de Prado, sino que conforma la primera circunvalación de Madrid -la que podríamos llamar la M-10-, el tridente vallisoletano muere en los muros de los viejos talleres ferroviarios donde en ambas esquinas de la calle Embajadores -otro giño al barrio madrileño-, como si fueran los andenes, las cafeterías 'Manantial' y 'Darling', esperan la llegada del porvenir, con la explicita melancolía de aquel poema de Ángel González que decía aquello de “Te llaman porvenir, porque no llegas nunca”.

 

Desde estos andenes de la desesperanza, Valladolid se siente lejana, las vías del tren, esas mismas que trajeron el progreso y la industria definen un abismo que al sur de Campo Grande se desliza por todo el perímetro de los talleres envejecidos, sin vida. Desde estos andenes del olvido, llegar a Valladolid pasa por seguir el Paseo Farnesio hasta coger la Avenida de Segovia, que es comida por una cochambrosa boca con la que nace la Calle Labradores. Al otro lado no hay andenes, nadie te espera, tu no existes, la sensación por el otro lado es de un “cul de sac”.

 

Al sur de Campo Grande, Valladolid se desdibuja, hay ciudades y barrios satélites en muchas partes de mundo que tienen mejor conexión con sus contrapartes que el barrio de Delicias. El nuevo proyecto sobre la estación de ferrocarril, se cuelga sobre las vías, pero no atraviesa el “campo santo”, creando así una especie de mirador sobre la otra ciudad, esa ciudad de Delicias, tan lejana, tan distante, tan abandonada…

 

Solo un proyecto que intensifique la ciudad en esa gran explanada, un gran centro tecnológico, un gran recinto ferial, que sirvan a la nueva metrópolis -o la misma agrupación de los edificios públicos de la ciudad, por ejemplo-, desaparecidas -enterradas- las vías del tren, podría generar un tejido urbano ultraconectado, y permitiría coser la ciudad, y con ello sus heridas, al tiempo que se desarrolle un proyecto metropolitano que cree el suficiente valor añadido para atraer la inversión necesaria de un proyecto de esta escala y permita conectar más la ciudad de Valladolid a esa nueva metrópolis que no sólo estas funcionando como “atractor” de su entorno, sino también, cada vez con más fuerza, de toda Iberoamérica, quedando así conectada también a la ciudad de donde partió toda aquella empresa que acabó llamándose América. Una manera, sin duda, de cerrar el circulo. Quizás abría que girar la estatua de Colón -como ya hizo Madrid- para que mirara al sur de Campo Grande. Todo un gesto, sin duda.

Comentarios

¡VÍAS FUERA! 29/02/2020 11:14 #1
Me ha gustado la palabrería melancólica del artículo. “Te llaman porvenir, porque no llegas nunca”. Tristeza y decadencia. La situación actual, que se prolonga desde hace décadas, de aislamiento de Delicias... pues parece que "es lo que hay" y los vecinos lo aceptan como borregos. Una rara combinación de estoicismo, pasotismo, y estupidez permite que "lo normal, de toda la vida" es que Delicias y Pajarillos y Pilarica permanezcan aislados de esta manera. Y los vecinos viven tan enajenados con sus propias vidas, y en conjunto actúan como un rebaño de ovejas, que ni se molestan en pedir EN SERIO a las autoridades lo obvio: que los escasos agujeros existentes en varios kilómetros para cruzar la vía son tan pocos como indignantes. Ya que la vía seguirá ahí plantada durante décadas, el Ayto. DEBERÍA haber construido muchos más túneles hace años (una solución de mierda, pero mejor que nada) y los vecinos DEBERÍAN haberse movido para que los construyeran. Pero no. Lo de "no protestar" va en los genes vallisoletanos, salvo cuando lo piden los políticos de "tú" partido, por lo visto. En fin. Los vecinos tienen lo que se merecen: un lugar de privilegio para ver pasar los trenes, como hacen las ovejas en el campo, con una mirada estúpida. Pero desde el lado malo de la vía.

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