Ana, su fusil y el delirio del 'fontanero' de Rivera

Supongo que este martes es día de decepción para muchos militantes, cargos, simpatizaciones y votantes que pudieron ser y no serán de Ciudadanos. Una amarga despedida a la inocencia política, el adiós a la (corta) etapa 'naïf' de un partido que en poco tiempo ha pasado de ser la ilusión de muchos a, me temo, convertirse en uno más de la atroz maquinaria del poder. Podría decir 'os lo advertimos', porque hace tiempo que el partido identificado con Albert Rivera acomoda sus estructuras al servicio de la eficacia, dando cobijo a personajes de dudosa catadura y las peores formas.

 

En realidad, el problema es pensar que existe una versión 'light' y 'para todos los públicos' de la política, inmune a los contagios innerentes a la actividad. Lamento decir que eso no existe, y a las pruebas me remito. Por lo que se ve, a la política le podemos pedir cada vez menos, ¿o es que le pedimos lo que no debemos? Vaya esta reflexión por el ejercicio de sinceridad de Ana Suárez de este lunes. La concejala sacó su fusil y apuntó, sin miedo, al autoproclamado 'fontanero' de Rivera en Castilla y León, Pablo Yáñez.

 

Pablo, breve diputado nacional por Salamanca hace un par de años, es el autor de la jugada de la semana. ¿La llegada de Silvia Clemente a Cs? No, la caída de Luis Fuentes y su vergonzante rendición. El cuadro es de aúpa. Apartado por su partido, del que hasta hace dos días era primera cabeza visible, Fuentes se prestó a la foto con la que le han impuesto (a él y a todos) como aspirante a la Junta, una imagen de aparente respaldo, de aparente unidad, de aparente normalidad... Y de evidente falta de dignidad.

 

Él sabrá por qué lo ha hecho. Entre las voces más sensatas del revolucionado gallinero 'naranja' hay quien reconoce que asegurarse el modus vivendi es suficiente excusa ante semejante castigo. Puede que eso fuera así si a los políticos no les pudiéramos pedir, como mínimo, dignidad. Podríamos exigir menos si Cs no hubiera ofrecido precisamente alejarse del estándar de partido de intrigas, intereses y miserias internas. Lástima que ha dado muchos pasos para renegar de muchas de las cosas que dijo eran irrenunciables.

 

Fuentes tenía otra opción, aunque su partido haya maniobrado para no dejarle alternativa y él se haya rendido. Descolgar el teléfono, llamar a su líder (o a quien quiera que le represente y le coja los mensajes) y decirle que fantástico, que le encanta la competencia y que es lo mejor: nos veremos en las primarias. Hubiera conseguido dos cosas: salvar su dignidad y la de su partido.

 

En su lugar, ha preferido la foto de la vergüenza que confirma lo poco que ha dado de sí, incluso en la batalla flinal. Pero siempre hay quien se niega a esa dictadura de los partidos, ya instalada en Cs, que pone por delante los intereses más crematísticos (listas, cargo, puesto, dinero). Ese alguien ha sido Ana Suárez. La concejala del Ayuntamiento de Salamanca llevaba la decepción en la cara porque es de aquellos que se acercaron a la política solo por Cs, solo porque Rivera estaba convencido de que en política no hacían falta 'fontaneros', políticos profesionales o disciplinas impuestas por el 'cabo chusquero' de turno.

 

Cuando todavía presume de ser un partido diferente, Cs ya ha hecho volar por los aires eso de la nueva/vieja política, al menos, en Castilla y León y Salamanca. En su lugar, lo cambia por un nuevo paradigma: hacer política de la peor desde un partido de los nuevos. La enhorabuena hay que dársela al autor de la rendición de Fuentes, una maniobra que desprende el nauseabundo olor de los peores apaños políticos. El delirio de todo un dictador de despachos.

 

Eso nunca iba a pasar en Cs. Aquí las bases cuentan. Abjuramos de los comisarios políticos, de los sucios asuntos internos. Es lo que le dijeron a muchos, también a Ana. Y por eso protesta. Se ve que la dignidad en política no es, ni debe ser, muy distinta a la que se debe practicar en la vida diaria o profesional. Eso no convierte a la concejala leonesa en mejor ni peor, solo en una 'ciudadana' que no se ha callado. Visto lo visto, no es poco.