Depeche Mode en Madrid: La solemnidad de hacer fácil lo difícil

DEPECHE MODE

A estas alturas de su película, Depeche Mode tienen claras muchas cosas. Todas, básicamente. Y justo por eso pasan de complicarse la vida y van directos al meollo de la cuestión, lo cual, siendo sábado en Madrid, básicamente significa encadenar una veintena de clásicos en plan karaoke inmisericorde.

Arranca así la velada con 'Going backwards', apabullante canción de su nuevo disco, 'Spirit', el decimotercero en 37 años de música. La ceremonia se pone solemne ya de primeras y pasan de primera a quinta marcha con 'It's no good' y 'Barrel of a gun', noventerismo ilustrado para reivindicar su álbum 'Ultra' de 1997, en ocasiones injustamente olvidado.

'A pain that I'm used to' da paso a 'Useless', otro tema de 'Ultra', en una velada decididamente enfocada a ese sonido tan reconocible de graves robustos, atmósferas densas, solemnidad y devoción. Esa es la apuesta en esta gira, aunque precisamente la ecualización del sonido no fuera la más fina para la ocasión, con ciertos problemas oscilantes y recurrentes.

'Precious', el último gran single de Depeche Mode, que regresa desde nada menos que 2005, es un amago muy serio de hacer saltar la banca. Más aún seguido de 'World in my eyes', músculo puro de su disco más celebrado, 'Violator' (1990). Martin Gore toma el relevo para cantar acto seguido 'Insight', desconocidísima canción de, sí, otra vez, 'Ultra'.

Sigue al mando Martin Gore para cantar 'Home', grandilocuente balada creciente también de 'Ultra' (y ya van cinco de diez, para gozo de los fans en torno a la cuarentena concretamente). Se ponen Depeche Mode realmente serios con 'In your room' y el vocalista Dave Gahan, en buen estado vocal aunque a ratos difuminado por el sonido que rebota, ya convertido en reverendo para las masas con sus contoneos, su magnético serpentismo.

Que Dave Gahan ordena y manda, en definitiva. Y roba todas las miradas. Y aparece cual ampuloso líder para gritar y preguntarse 'Where's the revolution', última concesión al más reciente cancionero del grupo. Porque a partir de aquí ya se acaban los rodeos y Depeche Mode entran a matar.

'Everything counts', 'Stripped', 'Enjoy the silence' y 'Never let me down again' ponen patas arriba a las más de 15.000 personas que abarrotan hasta la bandera el WiZink Center (antiguo Palacio de los Deportes) de Madrid. La comunión es definitiva y se manifiesta en forma de ovación cerrada a la espera de un bis que remate la faena.

Martin Gore vuelve a tomar el micro para una versión desnuda de la ochentera 'Strangelove', que da paso a uno de los momentos cumbre de cada concierto de Depeche Mode, con esa 'Walking on my shoes' siempre egregia y sugestiva. 'A question of time' eleva las pulsaciones como preludio de la inevitable eclosión en forma de 'Personal Jesus', manitas arriba, coreo masivo y reafirmación colectiva.

Cerraban así con manifiesta solvencia Depeche Mode su paso por la capital tres años después de su anterior visita. Dejando en el paladar un sabor clásico y sustancioso. Porque puede que con Depeche Mode ya esté todo más o menos servido de antemano, pero uno encuentra justamente lo que busca. Y por eso esta vez en Madrid triunfaron sorprendiendo al reencontrarse con 'Ultra' y rodeándolo de clásicos irrenunciables de la música de nuestro tiempo. Parece fácil, parece que casi ni se bajan del autobús. Pero es que esa es la gracia de la vida: hacer fácil lo difícil.