El cura de Serradilla del Arroyo fue condenado a un año de cárcel por abusos sexuales a una niña

Una información del diario El País señala que no fue a la cárcel al no tener antecendentes. Los hechos fueron reconocidos por la diócesis de Ciudad Rodrigo (Salamanca).

El párroco de las localidades salmantinas de Espeja y Serradilla del Arroyo (actualidad) fue condenado, en el año 1998, a 1 año de cárcel por abusos sexuales a una niña de 10 años.

 

Según revela el diario El País, este hecho ha sido reconocido por la diócesis de Ciudad Rodrigo y el obispo de la época, Julián López, actualmente en León. De este modo, Joaquín Galán Pino siguió ejerciendo su labor sin recibir ningún castigo en Serradilla del Arroyo, al menos desde 2002, según testimonios recogidos en este pueblo, hasta la actualidad. Es más, a día de hoy forma parte, como notario, de la vicaría judicial de la diócesis de Ciudad Rodrigo, como consta en su página web, tal y como recoge El País.

 

“Se consideró suficientemente importante y válido el proceso en el ámbito civil por lo que no se consideró necesario un proceso canónico expreso”, explica López al diario El País.

 

El padre de la niña que sufrió los abusos, también en torno a los diez años, relata que, en su caso, pactaron con el obispado que el sacerdote fuera trasladado a otro pueblo y no presentaron denuncia. “Nos aconsejaron que era lo mejor, para no traumatizar más a la niña con el proceso y los interrogatorios”, cuenta López en declaraciones al diario El País, en otro caso que tuvo lugar, pero ni se llegó a denunciar.

 

El propio cura ha vuelto en alguna ocasión a Espeja, lugar en el que se produjeron los abusos, a celebrar alguna boda, para indignación de la víctima localizada por este periódico. “El bicho este volvió hace dos años, y te tienes que aguantar. A veces me arrepiento de no haberle partido los morros, pero creo que hice lo mejor para mi hija”, reflexiona.

 

Por último, y según revela El País, el cura sigue en Serradilla y en agosto de 2011, fue pregonero de las fiestas. “Lo mandaron primero a Martín de Yeltes y allí no lo quisieron, sabían la historia, y tuvieron que colocarle en otro”, cuenta un vecino de Espeja.

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