El expárroco de Tábara no confesó los abusos en el colegio Juan XXIII de Puebla de Sanabria
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El expárroco de Tábara no confesó los abusos en el colegio Juan XXIII de Puebla de Sanabria

La conocida torre del 'scriptorium' de Tábara.

El caso ha vuelto a sacudir al municipio donde fue párroco durante décadas. La víctima pide reabrir el caso, prescrito en la justicia civil, y una indemnización que la Iglesia dice no poder concederle.

La segunda condena al que fuera párroco de Tábara por reiterados casos de abusos en seminarios y colegios ha llegado sin que el presunto autor haya confesado, pese a lo cual la Diócesis de Astorga, de la que dependía, considera probados los hechos. La condena, de diez años de suspensión y retiro en un convento, se suma a la que ya se le impuso por un caso similar en el seminario de La Bañeza y por el que estuvo durante un año en una residencia de sacerdotes jubilados. Este caso fue objeto de un programa especial de 'Salvados' para el que Jordi Évole investigó en la localidad y dio con el denunciante, que reveló un infierno de abusos.

 

Las autoridades eclesiásticas consideran probados los hechos denunciados por la víctima y, por tanto, reconocen la comisión de un delito grave de abusos sexuales a menores tipificado en el canon 1395, según ha explicado este lunes en una rueda de prensa el obispo de Astorga, Juan Antonio Menéndez. En este caso, se trata de abusos sexuales a menores en el Colegio Juan XXIII de Puebla de Sanabria entre 1981-1984. La condena es eclesiástica, no civil ni penal, ya que en la justicia estatal son delitos que habrían prescrito. También lo habían hecho en el orden eclesiásticos, pero la Santa Sede decidió reabrir el caso.

 

En el marco de la investigación, José Manuel Ramos Gordón "no aclaró suficientemente los hechos" y en ningún momento confesó ser autor de los abusos denunciados por la víctima el 21 de febrero del 2017, como si reconociese los cometidos en el seminario bañezano. La condena ha sido de diez años, nunca de expulsión, porque se considera que son hechos de tres décadas atrás y que el sacerdote tuvo después un comportamiento normal. De hecho, fue párroco del pueblo zamorano de Tábara durante todo el tiempo posterior a los dos hechos ya condenados. Su marcha fue toda una sorpresa para los feligreses, que en todo momento desconocieron los motivos de su traslado; de hecho, se le hizo un homenaje sin que se llegara a saber nada de los abusos y del proceso que le ha condenado.

 

El obispo de Astorga  ha indicado que la víctima que denunció los abusos en Puebla de Sanabria le ha pedido reabrir el caso y una indemnización económica, pero ha explicado que no tiene la potestad para poder hacerlo. De hecho, ha apuntado que los procesos canónicos "no se reconocen judicialmente".