El Santo Entierro de Bercianos: el reencuentro con uno de los ritos más valiosos y puros de Zamora

La cofradía de Bercianos de Aliste cumple la tradición del Viernes Santo que se ha convertido en seña de identidad de Zamora.

La localidad zamorana de Bercianos de Aliste revivirá este Viernes Santo una de sus procesiones más emotivas y sobrecogedoras, la del Santo Entierro, donde los cofrades visten las mortajas blancas con las que serán enterrados cuando mueran. La Semana de Pasión de la localidad fue declarada de Interés Cultural de Carácter Inmaterial hace unos años y esta vez estrena su museo, reconocimiento a unos ritos en los que conjuga "el fervor religioso, con la sobriedad y la tradición", una tradición que que se han mantenido desde la Edad Media.

 

Una de las características que otorga no solo el sabor, sino el valor histórico, cultural y antropológico a la procesión es el tipismo de sus gentes. Así ha sido siempre, porque son los curtidos rostros de las gentes alistanas los que han visto y guardado la tradición, y los que han conseguido que se conserve casi invariada desde sus orígenes, allá por el siglo XVI. 

 

La celebración comenzará de madrugada con un Vía Crucis en el que sólo participan mujeres, mientras que ya entrada la tarde los vecinos son convocados al son de la matraca y se van congregando entorno a la Cruz y la Dolorosa que han sido instalados al comenzar el día en medio del pueblo. Entonces se procede al 'descendimiento' de Cristo, de brazos articulados, al que despojan de los clavos y de la corona de espinas, para posteriormente depositarlo en una urna de cristal.

 

Entonces comienza la procesión donde los cofrades, que visten sus mortajas blancas y llevan velas y un rosario, portan a hombros la imagen del Cristo mientras que los hombres del pueblo lucen las típicas capas alistanas y la virgen Dolorosa, portada a hombros, cierra el desfile.

 

El desfile llega hasta el Calvario, ubicado en la cumbre de un pequeño montículo cercano, donde se entonan las 'Cinco llagas', se hace la reverencia ante las cruces y se regresa de nuevo al pueblo cantando el Miserere, mientras que posteriormente, al caer la noche se realizará la procesión de la Soledad con la Dolorosa, hasta llegar a la iglesia, donde se entonará la Salve.

 

Se trata esta de una de las procesiones que más despierta el interés de los turistas y no está muy claro cuál es su origen aunque se cree que el uso de las mortajas con la que los bercianos serán amortajados cuando mueran fue una promesa que hicieron cuando el pueblo se libró de una peste.