El Yacente sale a la calle con la incómoda compañía de la lluvia
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El Yacente sale a la calle con la incómoda compañía de la lluvia

Jesús Yacente, cubierto por una urna de cristal en su procesión de este 2018. Fotos: F. Oliva
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Jesús Yacente procesiona en una urna de cristal para proteger la talla de la persistente lluvia que ha acompañado la salida de la procesión.

La lluvia se ha convertido en incómoda protagonista de la procesión de Jesús Yacente, una de las más esperadas de la Semana Santa de Zamora, arruinando la salida a la calle de una de las mejores imágenes de la Pasión zamorana. Eso sí, no ha impedido que se celebrara la procesión.

 

A la hora prevista, las once de la noche, la iglesia de Santa María la Nueva estaba lista para esta procesión. Luces de la calle apagadas y silencio, pero también paraguas una vez los asistentes, en menor número que otros años, comprobaron que las gotas que habían empezado a caer pasadas las diez de la noche sobre Zamora no iban a detenerse. Incertidumbre sobre el destino de la procesión hasta que se han abierto las puertas de la iglesia románica.

 

Casi al instante, la aparición de los primeros cofrades y de la cruz de guía, cubierta con una funda transparente a medida, confirmaban la celebración. Durante más de media hora, los hermanos han ido tomando la salida de tres en tres, rigurosamente ordenados, algunos con los pies descalzos, todos en sandalias en una noche lluviosa.

 

Con toda su comitiva en la calle, Jesús Yacente, talla del siglo XVII, ha aparecido cubierto por una urna de cristal que permitía admirar sus formas sin que se dañara. Suficiente para dar paso a una procesión en penumbra y silencio sólo roto por las campanillas del viático camino de la plaza de Viriato, donde se vivió de nuevo el que, sin duda, es uno de los momentos más impresionantes, sobrecogedores y emocionantes de la Semana Santa de Zamora, el canto del Miserere, que romperá la madrugada... esta vez bajo la lluvia.