La USAL duplica en el año del VIII Centenario el número de mujeres doctoras honoris causa

El Paraninfo acoge este lunes el acto de investidura como doctora honoris causa de la secretaria general de la Secretaría General Iberoamericana, Rebeca Grynspan, la tercera de una mujer este año

El año del VIII Centenario está sirviendo, en gran medida, para aumentar la presencia y el reconocimiento a la mujer en la Universidad de Salamanca. O al menos en lo que a doctoras honoris causa se referiere. Si durante los 800 años anteriores tan solo tres mujeres había sido condecoradas con esta distinción, durante este año 2018 ya son otras tres las féminas que la han recibido, con lo que en tan sólo un año se ha duplicado el número de mujeres doctoras honoris causa en la USAL.

 

La última en recibirlo será la la secretaria general de la Secretaría General Iberoamericana, Rebeca Grynspan, cuyo nombramiento se aprobó en Consejo de Gobierno el pasado mes de julio y cuya ceremonia de investidura tendrá lugar este lunes, 15 de octubre. La cita será en el Paraninfo de las Escuelas Mayores a partir de las 12:00 horas y estará presidida por el rector de la USAL, Ricardo Rivero, y contará también con la intervención de la madrina de este nombramiento, la directora del Instituto de Iberoamérica de la USAL, Mercedes García Montero.

 

Rebeca Grynspan será la tercera mujer que este año recibe el doctorado honoris causa en la Universidad de Salamanca, después de que el pasado mes de junio se celebrara un acto similar en el que recibieron esta distinción las catedráticas de ética Victoria Camps y Adela Cortina. De esta forma, las mujeres vuelven a cobrar protagonismo en esta distinción después de una década de ausencia. Y es que la última mujer nombrada doctora honoris causa por el Estudio salmantino hasta este año había sido la jurista española María Telo, que recibió la distinción en 2008.

 

Hasta entonces, sólo dos mujeres se encontraban en la lista de doctores honoris causa, Santa Teresa de Jesús y la investigadora noruega Kirsten Kjelsberg. El reconocimiento a Santa Teresa llegó en 1922 cuando el Claustro de la Universidad de Salamanca, presidido por Miguel de Unamuno, entonces vicerrector, acordaba por unanimidad en marzo de ese año conceder el doctorado honoris causa a Santa Teresa de Jesús. Un nombramiento que serviría para reconocer el compromiso personal, espiritual y social de Santa Teresa y sus aportaciones a la literatura y a la mística españolas. Además, sirvió para conmemorar el tercer centenario de su canonización por el papa Gregorio XV. Por su parte, Kirsten Kjelsberg recibió su distinción en noviembre de 1996, casi 75 años después de la primera.

Comentarios

Hola 17/10/2018 11:08 #1
Interesante noticia, pensé que para ser doctor honoris causa lo importante era tu labor profesional no lo que lleves entre las piernas. En este país no cabe un tonto más.

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