Las capas pardas cumplen su cita con la noche del Miércoles Santo

La Hermandad de Penitencia vuelve a estremecer la noche zamorana con el sonido del bombardino, las matracas y el miserere.

La Hermandad de Penitencia ha vuelto a pasear las icónicas capas pardas alistanas en una de las procesiones más simbólicas de la Pasión zamorana. El silencio solo roto por el bombardino, las matracas y el canto del miserere castellano han envuelto la noche de la Pasión zamorana en una de las procesiones más esperadas.

 

Minutos antes de la medianoche muchos de los hermanos de la Hermandad de Penitencia se afanaban en los últimos detalles. Gran número de ellos recogía los característicos faroles en el local de la cofradía y se encaminaba, ya bajo la capa alistana, hacia San Claudio de Olivares. Allí se ha pasado 'lista' y se han ultimado los detalles. Numeroso público aguardaba a pesar del fresco de la noche y mucho más se apostaba en el recorrido que iba a hacer desde su iglesia en el barrio al casco histórico.

 

Con la puntualidad acostumbrada, a las 12 se ha abierto el portalón de la iglesia románica y, ordenadamente y en silencio, han ido saliendo los hermanos portando su característico atuendo. Primero, el estandarte. Cuando ha llegado su turno, también ha salido el cuarteto de viento que acompaña el desfile con el peculiar sonido del bombardino, y también los portadores de las matracas. Con muchos de los 150 hermanos en la calle, ha llegado el turno de sacar la imagen del Cristo del Amparo, del siglo XVII. La maniobra ha sido perfecta, algo necesario para que la alta talla salve la puerta sin percance.

 

Muy puntual, la procesión ha avanzado a un ritmo despacioso y en total silencio por las calles de Zamora. La quietud que impone solo la rompen el bombardino y las características matracas con las que los hermanos estremecen la noche. El silencio es total y cubre como un manto todos los tramos por los que pisa: el barrio de Olivares, la cuesta de Pizarro y la plaza de San Ildefonso, donde el rezo del vía crucis se une a los peculiares sonidos de la procesión, que alcanza su punto álgido con elrezo del miserere castellano en la plaza de Viriato, donde un coro canta el Miserere Popular Alistano y sobrecoge la madrugada del Miércoles Santo.