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Zamora

Lecciones para una segunda ola: responsabilidad y errores

EDITORIAL

En marzo no sabíamos nada del virus y como combatirlo, y cometimos muchos errores: ahora el error es no haber aprendido de aquello. No tenemos excusa. 

Publicado el 10.08.2020

El paso de los meses y la evolución de la pandemia han permitido asumir los errores que se cometieron en marzo. Ahora sabemos, y nadie lo niega, que la reacción llegó tarde y que, una vez se produjo, estábamos poco preparados. No solo no sabíamos nada de este nuevo coronavirus, sino que los primeros pasos los dimos a ciegas, sin datos, sin ningún conocimiento de lo que se nos venía encima y de cómo actuar. No lo vimos venir



 



Ahora sabemos que los diagnósticos en Atención Primaria se iban a convertir tras el incubación en ingresos hospitalarios por un virus que, entonces, estaba en el apogeo de su agresividad. Lo tuvimos delante, pero no vimos que aquellas curvas de enfermos iban a acabar casi colapsando los hospitales. No ocurrió, pero estuvimos muy cerca del desastre. También sabemos que no le tuvimos respeto al virus, que nos avisaba desde semanas antes, pese a lo cual celebramos todo tipo de reuniones. Y ahora estamos cerca de cometer el mismo error.



 



De hecho, lo estamos cometiendo. Hasta cierto punto, es normal que tras una Primavera muy dura en casa el fin del estado de alarma haya derivado en cierta relajación, pero nos hemos excedido. La 'segunda ola' de coronavirus que atraviesa España y que llama ya a las puertas de Castilla y León es producto de ese comienzo de julio en el que los primeros desplazamientos y la libertad de usar la mascarilla cuando quisiéramos abrió ante nosotros un espejismo de libertad.



 



Así que nos lanzamos a reuniones familiares y a poblar las terrazas, normal hasta cierto punto, pero nos lanzamos a hacerlo sin mascarilla y sin distancia. Se llenaron los medios de imágenes de exceso de relajación con las medidas que, en plena pandemia, se nos habían olvidado. Y quince días después teníamos aquí los primeros brotes: ocio nocturno y reuniones sin cuidado los han originado, a partes iguales.



 



Así que ahora nos toca otra vez pasarlo mal. En Íscar, Pedrajas y Aranda de Duero ya están confinados, un confinamiento mucho más 'light' que el original del estado de alarma, pero que se basta para poner en jaque la delicada salud económica y social de la comunidad. Si las restricciones de máximo nivel se generalizan, ¿cuántos negocios cerrarán? ¿Cuántos trabajadores se irán al paro? ¿Cuánto se hundirá nuestro PIB? Y lo más importante, ¿le daremos alguna vez la vuelta?



 



Por desgracia, estamos cometiendo los mismos errores que hace seis meses cuando no sabíamos nada. Pronto se vio que distancia, higiene y mascarilla eran nuestros aliados, pero ahora actuamis ignorando las reglas más básicas y lo podemos pagar muy caro.



 



Claro, tenemos la suerte de que ahora no vamos tan a ciegas, de que podemos detectar antes y prevenir un colapso sanitario, pero ¿de verdad es necesario volver a tensar la cuerda? ¿Qué pasa con las muertes y el sufrimiento? Le hemos perdido el respeto a la enfermedad y, lo que es más grave, al resto de nuestros vecinos y ciudadanos de Castilla y León. Así es cuando nos juntamos en exceso o llevamos la mascarilla en el codo: somos responsables de lo que pueda pasar. Es el momento de parar la segunda ola: si repetimos errores, no lo lograremos. En marzo no sabíamos nada del virus ni de como combatirlo, y lo pagamos: si no hemos aprendido nada de aquello, no tenemos excusa. 


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