Los pájaros ya padecen estrés crónico por el ruido

Pájaro

Las aves expuestas al ruido persistente de los compresores de gas natural muestran síntomas notablemente similares a los de los humanos que sufren de trastorno de estrés postraumático, según muestra una investigación reciente, publicada en 'Proceedings of the National Academy of Sciences'.

 

Los investigadores descubrieron que adultos y polluelos de tres especies mostraban signos múltiples de estrés crónico causado por la contaminación acústica, incluidos niveles asimétricos de la hormona del estrés, posiblemente por un aumento de la ansiedad, la distracción e hipervigilancia.

 

Según los autores, se trata del primer estudio que evalúa las relaciones entre el ruido, las hormonas del estrés y el estado físico de los animales que se reproducen en áreas naturales con un ruido implacable producido por el hombre. El ruido constante podría actuar como una "manta acústica", amortiguando las señales de audio de las aves para detectar predadores, competidores y a sus propias especies, apunta el coautor del estudio Rob Guralnick, conservador asociado de Informática de la Biodiversidad en el Museo de Historia Natural de Florida, Estados Unidos.

 

Incapaces de discernir si su entorno es seguro, las madres deben elegir entre permanecer en guardia en el nido y encontrar comida para sus crías. Los polluelos en los ambientes más ruidosos tenían un cuerpo más pequeño y un menor desarrollo de plumas, lo que podía disminuir sus probabilidades de sobrevivir. Las tasas de eclosión en los azulillos occidentales, la especie más tolerante al ruido estudiada, disminuyeron en respuesta al ruido.

 

"Estas aves no pueden escapar de este ruido. Es persistente y arruina por completo su capacidad de obtener señales del entorno --destaca Guralnick--. Están constantemente estresados porque no pueden descubrir qué está pasando. Así como el estrés constante tiende a degradar muchos aspectos de la salud de una persona, esto finalmente tiene una cascada de efectos en su salud y estado físico".

 

Un equipo de investigación liderado por Nathan Kleist, entonces estudiante de doctorado en la Universidad de Colorado en Boulder, instaló 240 cajas de anidación escalonadas a distancias precisas de los compresores de gas, lo que permitió examinar las respuestas de estrés de las aves que anidan en un gradiente de ruido medible, detalla Guralnick.

 

DIEZ DECIBELIOS MÁS DE RUIDO REDUCEN UN 90% EL ÁREA DE AUDICIÓN

 

El equipo evaluó los niveles de la hormona del estrés corticosterona en tres especies: azulillos occidentales, azulillos de la montaña y copetón cenizo. Con la expectativa de que los niveles de corticosterona fueran altos, los científicos encontraron lo contrario: mientras más fuerte es el ruido de los compresores de gas, menores son los niveles de corticosterona basales de las aves. Estos resultados fueron consistentes en adultos y polluelos en las tres especies.

 

Aunque inicialmente fue sorprendente, los hallazgos se entendieron cuando se compararon con estudios de laboratorio de estrés crónico. La bajada de corticosterona puede ser un signo de que el estrés es tan intenso que el cuerpo ha marcado los niveles iniciales de la hormona como medio de autoprotección.

 

"A nivel superficial, se puede ver este resultado y asumir que esto significa que no están estresados --señala el coautor del estudio Christopher Lowry, fisiólogo del estrés en CU Boulder--. Pero lo que estamos aprendiendo tanto de la investigación humana como de los roedores es que, con los factores de estrés ineludibles, incluido el trastorno de estrés postraumático en los humanos, las hormonas del estrés a menudo son crónicamente bajas".

 

Al evaluar la respuesta de los polluelos a una amenaza repentina, los investigadores descubrieron que la corticosterona de las aves se disparó de forma vertiginosa en comparación con los niveles típicos de alto estrés y tardó en volver a los niveles iniciales. El vínculo entre los niveles bajos de corticosterona en la línea de base y los picos anormales en la corticosterona desencadenada por un estresor agudo también es paralelo a los análisis previos de estrés crónico en humanos y roedores, según indica Guralnick.

 

"Esta es una alineación ordenada entre dos tipos de literatura completamente diferentes: estudios sobre el estrés y estudios sobre la conservación y la fisiología --subraya--. La vinculación entre estos niveles altos y bajos de hormonas ayuda a explicar por qué los datos sobre corticosterona de estudios de fisiología de la conservación anteriores parecían estar por todas partes. Esto ayuda a iluminar el patrón subyacente y sugiere un nuevo paradigma sobre cómo el ruido afecta a la vida silvestre".

 

Los niveles de ruido en los campos de gas natural no son inusualmente altos en comparación con el ruido producido por el hombre en muchas otras partes del país, lo que tiene implicaciones importantes para proteger la vida silvestre y posiblemente la salud humana, según los investigadores.

 

"Este estudio muestra que la contaminación acústica reduce el hábitat de los animales e influye directamente en su estado físico y, en última instancia, su número --resume Guralnick--. Al hacerlo, hace que sea más difícil para los animales sobrevivir. En conjunto, es una imagen bastante condenatoria de lo que el ruido producido por el hombre puede hacer a las poblaciones naturales de los animales".

 

Un aumento de 10 decibelios en el ruido por encima de los niveles naturales puede reducir el área de audición de los animales en un 90 por ciento, calculan los investigadores. En Estados Unidos, la cantidad de área terrestre caracterizada por este aumento moderado de ruido se estima en 301.532 millas cuadradas (780,96 kilómetros), más que el tamaño de Texas.

 

"La audición es el sistema de vigilancia universal de los vertebrados, incluidos los humanos --dice el coautor Clinton Francis, profesor asistente de Biología en la Universidad Estatal Politécnica de California, Estados Unidos--. La audición también es el sentido que permanece activo incluso durante el sueño y otros casos de inconsciencia. Debido a que nosotros y otros animales dependemos de la audición en estas capacidades, puede no ser demasiado exagerado esperar impactos fisiológicos similares en los humanos".

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