Monarquía hispana e Imperio (I)

Imagen de un cuadro que refleja las Capitulaciones de Granada.

Primera parte del ensayo histórico de Ramón Tamames sobre la importancia de Castilla y León en la formación de España.

NOTA BENE: Terminada la serie de Un viaje de estructura económica, el autor ofrece a los lectores de Tribuna, en sus ediciones de las nueve provincias castellanoleonesas, un ensayo histórico que ha realizado en los últimos tiempos pandémicos. Y en el que podrá apreciarse la importancia de Castilla y León en la formación de España. Naturalmente, aparte de esa génesis estructural, hay una referencia amplia a la Monarquía Hispánica; y dentro de ella, un espacio considerable sobre los temas de España en relación con América y Filipinas.

 

 

LA FORMACIÓN HISTÓRICA DE ESPAÑA HASTA 1517

 

En la elaboración de cualquier tema, el programa de trabajo inicialmente fijado va cambiando en el telar del escribidor, con nuevos episodios de los inicialmente pensados. Y en ese sentido, en los trabajos que tengo ahora pendientes, pasé a considerar lo que va a continuación, que es cómo surgió lo que hoy es la Nación Española.

 

El avance hacia el Sur

 

Análogamente a lo que sucedió en el resto de Europa Occi­dental, la historia medieval de España es de una enorme com­plejidad: un tejer y destejer de episodios, de guerras y conquistas, con sucesivas transformaciones políticas, económicas, y culturales. En el caso español, con un hecho sin­gular dentro de Europa, cual fue la ocupación de gran parte del país por el Islam, durante largos siglos. Lo que dejó su impronta en multitud de facetas de la vida hispánica hasta nuestros propios días: en paisajes y cultivos; en monumentos religiosos, militares, palaciegos y civiles; en costum­bres y folklore; en gran número de vocablos de las len­guas peninsulares románicas.

 

Ese fenómeno de islamización y recristianización, es el decisivo en la recapitulación histórica, de lo que fue el progresivo avance hacia el Sur de las primeras organizaciones de cristianos, lo que en el desarrollo histórico, es conocido con el nombre de Reconquista, un repliegue secuencial de los invasores musulmanes, que tuvo escaso desarrollo en las primeras centurias (siglos VII al X). Con los cristianos al Norte, incapaces todavía de avanzar; y los árabes al Sur, en la idea de que estaban en el Al-Ándalus para siempre.

 

Fuente: Fernando García de Cortázar, Atlas de Historia de España, Planeta, Barcelona, 2003, pág. 144Fuente: Fernando García de Cortázar, Atlas de Historia de España, Planeta, Barcelona, 2003, pág. 144

 

La emergencia de Castilla

 

Durante casi ocho siglos de enfrentamiento entre las formaciones políticas y territoriales cristianas e islámicas, renació una idea común de España con sus raíces en la monarquía visigótica; como un espacio político, religioso, y cultural comparativamente homogéneo al Sur de Europa.

 

En el Oeste peninsular, la recuperación cristiana comenzó con el reino asturia­no, legendariamente nacido en Covadonga el año 718 con el rey Pelayo, que se consideró como, simplemente, un nuevo rey godo. Y así se creó, fren­te a la ocupación de los seguidores de Mahoma, un primer reducto de resistencia, que a no tardar se extendió a zonas de menor implantación de los invasores; al Oeste por Galicia, y meridionalmente las tierras hacia el Duero. De este modo, a comienzos del siglo x, el territorio inicialmente con capital en Cangas de Onís y Oviedo, se transformó en Reino de León.

 

Luego, un pequeño condado de ese reinó leonés, Castilla, sería el origen de una nueva unidad política, cuando el Conde Fernán González se independizó en el último tercio a mediados del siglo X (969). Y tras muy largas y complicadas luchas fratrici­das—de leoneses, castellanos y navarros—, en 1038, Fernan­do I, se proclamaría rey por igual de castellanos y leoneses; en una primera reunión que pronto se disolvió, al quedar repartidos entre sus hijos los dominios tan costosamente reunidos. Que sólo volvieron a reunirse con Alfonso VI en 1072, para volver a separarse en 1157, a la muerte de Alfonso VII. Y fusionarse definitivamente en 1230, en la corona de Fernando III, que ya era monarca en Castilla y que en 1230 recibió el reino de León, lo que daría un nuevo impulso a la Recon­quista. Que ya había tenido un gran avance, cuando la invasión de los almohades se quebró en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), que abrió la frontera Sur al Guadalquivir, lo que Fernando III aprovechó para la conquista de Jaén, Córdoba y Sevilla.

 

Con esas adquisiciones, y con la renuncia por Aragón en favor de Castilla de los territorios del antiguo Reino moro de Murcia, los nazaritas de Granada quedaron definiti­vamente cercados. A plazo más o menos largo, el Al-Andalus estaba sentenciado.

 

La Corona de Aragón. Vasconia y Navarra

 

En el Este peninsular, con antecedentes de autóctona resis­tencia pirenaica contra el Islam, a fines del siglo VIII, el emperador Carlomagno (de francos y centones), creó la Marca Hispánica, que comprendía una serie de condados desde Pamplona a Barcelona, origen que fueron de los reinos de Navarra y de Aragón; y de los condados de Cataluña. Espacios, todos ellos, que no que tardaron mucho en emanciparse del Impe­rio carolingio. De modo que, bastante tiempo después, Cataluña y Aragón se confederaran por el emparentamiento matrimonial del Conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, con Petronila, la hija del rey Ramiro II de Aragón (1137). Se forjó así la unión de catalanes y aragoneses bajo un mismo soberano.

 

La nueva Corona de Aragón así formada, dispuso de amplios territorios transpirenaicos, que tras la derrota y muerte de Pedro II, en la batalla de Muret (1213), hubieron de cederse a Francia. Y poco después, el hijo de Pedro II, Jaime I el Conquistador, se hizo con los reinos moros de Mallorca y Va­lencia, reconociendo que había alcanzado el tope de su frontera sur peninsular, con el tratado castellano-aragonés de Almizra (1244).

 

Fuente: Fernando García de Cortázar, Atlas de Historia de España, Planeta, Barcelona, 2003, pág. 174.

 

Entre el Oeste y el Este de la península, en medio de las dos mayores Coronas, quedaron vascos y navarros. Así, Navarra, después de un período de gran esplendor propio, en el que pareció que podrían haber protagonizado la unión de todos a la cristiandad española, —abarcando desde León hasta Cataluña—, se replegó a un espacio menor, entre el Ebro y los Pirineos (con parte de su territorio más allá de la cordillera, en la ac­tual Francia), y hubo de aceptar como inevitable la unión foral del País Vasco a Castilla (a partir de 1200).

 

Limitado ya en sus capacidades, en 1512, tras largas disputas hispanofrancesas, el Reino de Navarra quedó separado en dos partes desiguales; la mayor de ellas, la meri­dional, se incorporó al destino peninsular, por obra de la inte­ligencia y las armas de Fernando el Católico en 1512.

 

Fuente: Fernando García de Cortázar, Atlas de Historia de España, Planeta, Barcelona, 2003, pág. 194.

 

Portugal

 

Dentro del Reino de León, entre el Atlántico, el Duero y Galicia, estaba el condado de Portucale, que Alfonso VI cedió en dote a su hija Teresa (1095), al casarse con el ambicioso Enrique de Borgoña. Quien inició un distanciamiento de su suegro, del que surgiría el nuevo Reino de Portugal, formalizado en 1179 a favor de sí mismo; con el nombre de Alfonso Henríques, formalizándose la separación por una bula del Papa Alejandro III.

 

El nuevo reino encontraría su frontera natural en el extremo meridional de la península, en los Algarves, en 1249. Así, Portugal se convirtió en la pri­mera unidad política peninsular con su deber cumplido en cuanto a la Reconquista. Pudiendo iniciar ya su expansión oceá­nica natural hacia las Azores, Madeira y África, y posteriormente, India.

 

Más adelante, ya desde la formación de la Corona española con Carlos I en 1517, se pretendió la unificación con Portugal (su boda con Isabel, de Portugal en 1525). Lográndose, finalmente, entre 1580 y 1640, el tiempo de «los tres Felipes»; II, III y IV en España y I, II y III en Portugal.

 

Dejamos aquí el tema hasta la semana próxima, y como siempre, los lectores de Tribuna, pueden conectar con el autor a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net.

 

Nota: Como se ha visto, todo el proceso de formación de España está representado en tres mapas tomados del Atlas de Historia de España de Fernando García de Cortázar, cuya tenencia aconsejamos a los lectores de Tribuna, por su precisión y calidad, indispensable para toda clase de consultas.