Música, gastronomía y cultura reciben al visitante en Intur

La XXII edición de la Feria de Turismo ha abierto sus puertas en Valladolid ofreciendo al visitante una llamativa oferta para quien busca planificar sus vacaciones.

Como diría Carol Anne Freeling en 'Poltergeist', "ya están aquí-i". Los operadores turísticos han llegado Intur y han llenado los pabellones de la Feria de Valladolid de notas musicales, de aromas deliciosos y de cultura a raudales.

 

El visitante que cruza las puertas puede encontrar la típica imagen de ejecutivos trajeados, con sus maletines y cargados de revistas y folletos caminando de un lado a otro buscando el mejor acuerdo. Pero, sorprendentemente para una feria de negocios, esta imagen es la menos habitual

 

En Intur uno halla una amplia representación de los trajes regionales típicos de las diferentes provincias españolas. Unos trajes que no solo se enseñan. Se lucen en desfiles, se mueven al ritmo de música ancestral tan característica de cada región como la propia vestimenta, o que sirven para demostrar lo bien que le han sentado los años a la cultura española y extranjera.

 

Pero la historia en Intur se remonta varios siglos atrás, hasta el punto que se pueden encontrar soldados medievales que reciben lanza en ristre a los visitantes, peregrinos del Camino de Santiago que han decidido dar un pequeño rodeo, e incluso gladiadores enzarzados en plena pelea con sus escudos y las espadas en todo lo alto.

 

Si alguien decide entrar en Intur y cerrar los ojos, lo más probable es que acabe estampado contra algún stand de información o se choque contra otros visitantes, por lo que se recomienda encarecidamente no hacerlo. Pero en caso de conseguir salvar todos los obstáculos, solamente con su oído podrá viajar a través de años de historia de España. El flamenco, las dulzainas, cornetas, tambores y gaitas resuenan por los pabellones de la Feria de Valladolid acompañando cada expositor de cada provincia, de cada región, como un atractivo más, como un acompañante fiel.

 

También puede guiarse el extraño por su olfato, pues aromas de platos de todo el mundo se mezclan en el aire de Intur. Allí podemos encontrar cochinillo de Arévalo, fino andaluz, dulces de Tiedra, jamón ibérico, cecina, queso, y manjares y delicias que hacen salivar hasta al más abstinente. Porque qué sería del turismo sin la gastronomía, y del ser humano sin el buen comer. Todo esto se oferta también en la feria de turismo, y no solo se puede ver, sino que también se puede degustar. 

 

A estas degustaciones que permiten entrar en Intur y prácticamente salir comido, se añaden demostraciones de cocina en directo, que enseñan al caminante que decide detenerse un instante cómo preparar los platos típicos de cada región.

 

La vista también juega un papel fundamental, pues permite admirar los paneles explicativos, las fotografías, los videos y las recreaciones que se han instalado en Intur. Si se mira con atención se podrán encontrar productos artesanos, imágenes impresionantes e incluso una recreación de una villa medieval con figuras de 'playmobil'. Además, con nuestra vista y unas pocas adaptaciones tecnológicas podemos visitar, gracias a la realidad virtual, emplazamientos que se encuentran a kilómetros de distancia.

 

La XXII edición de Intur ofrece a quien la visite una auténtica experiencia para todos los sentidos, que invita a viajar y conocer rincones escondidos que cada provincia, comunidad autónoma y país ofrece. Si está planeando un viaje futuro y no tiene claro el destino, la feria puede darle la solución, o crearle más dudas de dónde ir. Y si no, siempre puede recorrer gran parte de España y del mundo sin moverse de Valladolid.

FOTO: David Lozano.