Penitencia sin Cristo: la lluvia también arruina 'Las Capas' de Zamora

Una de las pocas escenas que se han visto de 'Las capas' este año.

La Hermandad Penintencial del Santísimo Cristo del Amparo decide no sacar al crucificado de San Claudio de Olivares por el riesgo de lluvia y también acorta el recorrido de los penitentes.

La procesión de 'Las capas', una de las más emblemáticas de la Semana Santa de Zamora, ha salido esta medianoche de Miércoles Santo en una versión abreviada y reducida que ha dejado a miles de asistentes sin las sensaciones únicas del silencio, la austeridad y la tradición de esta procesión con sabores de Aliste. La amenaza de lluvia ha forzado la decisión de no sacar al Cristo del Amparo del cobijo de la iglesia de San Claudio de Olivares y, además, de hacer solo una procesión corta con los cofrades, que deben cumplir su penitencia.

 

La procesión de la Hermandad Penitencial del Santísimo Cristo del Amparo estaba entre las más esperadas, más todavía tras la suspensión del Silencio en plena formación. La amenaza de lluvia persistía, pero miles de presonas han acudido al barrio ribereño de Olivares para ver esta renombrada procesión. Conocido que la cofradía iba a hacer un recorrido corto, la acumulación de público era todavía mayor en las calles del barrio.

 

A medianoche, y con puntualidad como es habitual, el estandarte de la cofradía ha salido de la iglesia y las matracas han empezado a romper la noche. Los cofrades han empezado a recorrer los primeros metros fuera de San Claudio de Olivares, con el paso despacioso, vestidos hasta la cabeza con esa joya que es la capa alistana e iluminando con un austero farol. También ha sonado el bombardino, pero faltaba algo.

 

En cuanto se supo que la procesión haría el recorrido corto, centenares de personas se han trasladado de las calles de salida hacia trascastillo y se han agolpado en la plaza de la iglesia. Había silencio, pero el Cristo no terminaba de salir. La cofradía había decidido que el crucificado se quedaría cobijado en la iglesia ante el riesgo de que un chaparrón le pillara en procesión. Y que los cofrades cumplirían con su penitencia en un exiguo recorrido que les llevaría de vuelta a San Claudio. La lluvia había terminado de arruinar el Miércoles Santo de Zamora.