Valladolid, la ciudad rasgada

LORENZO DÁVILA. ARQUITECTO

Casi en paralelo al rio Pisuerga, a su sureste, por donde ve nacer el sol, la ciudad de Valladolid amanece cada día rasgada, con una profunda herida que sangra permanentemente impidiéndole que esta se cierre. Me refiero a la vía del tren que divide la ciudad creando dos ecosistemas completamente distintos, dos realidades diferentes, una que florece alrededor de las laderas del rio y otra que se ahoga en sus sombras.

 

Cuando un río atraviesa una ciudad, este nunca la corta, sino que la ciudad crece entorno al rio que trae la vida y con ella la riqueza. Se van creando múltiples puntos de encuentro, casi como un continuo, como si fuera una cremallera, el rio forma parte de la ciudad, el centro se mide como la distancia al rio. Incluso cuando el rio se conforma como un borde defensivo de la ciudad no amurallada, la ciudad vierte al rio.

 

Cuando en el siglo XIX llega el ferrocarril a Valladolid en esa línea Madrid-Irún que vincula a la ciudad con la capital del reino y con la Francia fronteriza, la línea bordea la ciudad como una muralla dejando algunos asentamientos extramuros. Con los años, en la época del desarrollismo dichos asentamientos se consolidan en barrios que permanecen en su marginalidad de pertenencia al exterior de la ciudad, pero aún así, la peligrosa permeabilidad de una vía ferroviaria que permite su cruce suicida, corriendo sobre las vías, mantiene el pulso de dos ciudades que hablan poco, hasta que esa voz, con el vallado de las vías -como no podía ser de otro modo- se apaga para siempre. La ciudad, como un todo, está muerta, nacen dos ciudades en torno a la marginalidad de una de ellas.

 

Hoy avanzando el siglo XXI, dicha marginalidad perdura y ningún paso ni subterráneo ni aéreo es capaz de unir, de salvar dicha exclusión. Los pasos de la vía no son los puentes de un rio, porque un rio no es una vía de un tren. Un rio es una depresión del terreno, sus laderas se cuelgan sobre él con vistas al otro lado, los puentes visuales sobre el mismo son infinitos, la ciudad está íntimamente unida, porque la une el rio. Los puentes son los caminos que forman parte del recorrido.

 

La vía es una muralla en la que las dos ciudades mueren en su borde, los edificios golpean contra los laterales pétreos que soportan sus vías, la ciudad rompe contra ellas como las olas en los malecones, para volverse sobre si misma. La mirada no conecta con el otro lado, sólo furtivamente encuentra las diagonales de los canelones de sus cubiertas, no las otras miradas de sus portales que a su vez se pierden en otras diagonales inversas. Los pasos subterráneos funcionan como vertederos de aguas grises, te sacan de una ciudad para llevarte a la otra, extraña, distante. Los pasos aéreos sólo sirven para alimentar la mirada en la profundidad de las vías que se pierden por el horizonte. Y todo esto, en medio de un estruendoso ruido periódico que tortura y aleja cualquier encuentro haciendo de los pasos puntos de los que huir, abandonándolos a su suerte en donde habitan los miedos de cualquier persona prudente que se convierte así en fugitiva en medio de su ciudad. Se convierten en puntos de expulsión, donde el silencio de la muerte habita en las horas valle de los pasos del tren.

 

Mi intención hoy, con este artículo no es otra que dar inicio a un recorrido por una antigua ciudad imperial, para recuperar la ciudad que pudo ser, no fue, pero puede ser, saliendo desde Campo Grande en un tren con paradas a uno y otro lado de la ciudad rasgada, como en la novela de Alejo Carpentier, “los pasos perdidos” en la que su protagonista se adentra en la selva a la búsqueda del origen de la música en los viejos instrumentos. Así me adentraré yo en un Valladolid cuyas resonancias del pasado nos tienen que llevar al futuro, huyendo de un presente fallido.

Comentarios

Uno que lo ve desde el otro lado 10/02/2020 20:27 #3
No hay visión de futuro en esta ciudad al otro lado del Pisuerga...
Uno que lo ve desde el otro lado 10/02/2020 20:24 #2
Pero, ¿para qué va a financiar todo la ciudad, especialmente la bien pudiente el fin de la exclusión de una parte? ¿Para acabar con la desigualdad? ¿Para que el precio de los inmuebles se igualen? ¿Para que la marginalidad no quede confinada? Y lo peor, ¿para qué los partidos políticos que supuestamente defienden la igualdad van a propiciaría? ¿Para que la igualdad acabe con su razón de ser? ¿Para que desaparezca su clientela electoral?
Que alegría, la vía por arriba 🛤️ 10/02/2020 17:03 #1
¿Dos ecosistemas distintos? Se nota que no conoce mucho la zona, porque de un lado y del otro tanto el tipo de vivienda, como el tipo de gente es bastante parecido (otra cosa es más hacia el centro). Se están planteando como si se nos estuviera impidiendo el paso de un lado a otro de la vía (exclusión), como si fuera un problema el cruzar y no una incomodidad urbana. Si en el caso del Río no hay problema por discurrir deprimido, planteemos eso mismo con la vía (más barato que soterrar, que incluso podría hacerse luego en el futuro), y listo, es otra opción y como tal se puede estudiar.

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