Actualizado 13:40 CET Versión escritorio
Zamora

Viaje de otoño

PALABRAS CONTRA EL OLVIDO

Primer concierto del Abono de otoño del Centro Cultural Miguel Delibes

Publicado el 28.09.2020

Como un extraño llegué a la Sala Sinfónica Jesús López Cobos del  Centro Cultural Miguel Delibes –CCMD- para escuchar el primer concierto del Abono de otoño y parto también como un extraño a mi casa después de haber escuchado a Haydn y a Mahler.



 



Septiembre ha sido benévolo conmigo, los ciclámenes han florecido en el jardín y ahora mismo,  mientras escucho el Rondo all”Ungarese (Allegro assai) de Haydn, ejecutado por Iván Martín al piano, todo es singular e irrepetible y la música te hace sentir libre.



 



El Concierto para piano y orquesta nº 11  de Haydn  ofrecido por Iván Marín permite huir del cinismo y  salva al ser humano de ser reducido a un animal o en último caso de convertirte en un autómata que va y viene atenazado por el miedo y la tristeza con un mascarilla en la boca.



 



Iván Martín es un pianista capaz de recorrer las teclas del piano sin descomponer la figura: gesto adecuado y firme, manos poderosas y sugerentes posibilitan sonoridades dulces y graves que elevan la imaginación del espectador a tierras ignotas. Tiene un brillo tímbrico envidiable llenos de  satinados sonidos  particulares. Y sobre todo, destacaría de él  que no trabaja en absoluto eso que asola a muchos pianistas y políticos  actuales, ese irremediable culto a la personalidad que exhiben sin distinción de países y culturas y que tan pesado resulta.



 



Y llegó la Sinfonía nº 1 en re mayor, “Titán” de Mahler dirigida por el director Víctor Pablo Pérez y el asombro se alió con la felicidad y la obra lograda con la satisfacción.  Mahler logra contarte una historia, pero con las palabras  que tú quieras, con los adjetivos que más te gusten sin hacer caso a nada ni nadie, aquí estás apartado del mundanal ruido y no sale nadie en la TV diciéndote lo que tienes que hacer.



 



Con pertinaz empeño Víctor Pablo Pérez que dirige esta noche  la OSCyL va tejiendo con su batuta una red de notas encantadas en las que el espectador se envuelve  y se deja encandilar por su fuerza, vitalidad y aromas. 



 



Acaba el concierto y  voy hacia el aparcamiento. Y descubro la hermosura de la noche y me pongo nervioso y no quiero que nada se pierda…abro el ordenador. Ah, la música y la muerte, dos grandes danzarinas en la oscuridad.


COMENTARComentarios