Samaniego y sus fábulas
¿Quién no ha oído alguna vez fábulas de Samaniego como El cuento de la lechera, La gallina de los huevos de oro, El parto de los montes o La cigarra y la hormiga? Son expresiones que, además, usamos en nuestro lenguaje cotidiano. Aunque el fabulista nació hace casi 300 años, su legado sigue hoy formando parte de nuestra cultura más arraigada y popular, siendo textos tradicionalmente enseñados en los colegios.
Félix María Serafín Sánchez Samaniego y Zabala vino al mundo en Laguardia, población de La Rioja Alavesa que actualmente ronda los 1.500 habitantes, el 12 de octubre de 1745, en la casa-palacio de sus antepasados, un edificio de tres plantas construido en el siglo anterior en la plazuela de San Juan. Al lado se encuentra la iglesia del mismo nombre, en cuya pila bautismal fue cristianado dos días después de su alumbramiento. El templo comunicaba con el palacio por una pasarela, ya desaparecida.
Era el quinto de los nueve vástagos de una estirpe de rancio abolengo, descendiente de los primeros reyes navarros, una de las más adineradas de la villa. Originariamente, el apellido familiar secular era Fortún, y residían cerca de Leza. Al trasladarse al lugar de Samaniego, trocaron su patronímico por este, asentándose posteriormente en Laguardia.
A pesar de no ostentar la primogenitura, Félix María heredó el riquísimo patrimonio doméstico cuando su hermano Antonio Eusebio ingresó en la Compañía de Jesús en 1757. Constaba, por rama de padre, de dos mayorazgos en Laguardia, con la finca de La Escobosa y el señorío de Arraya; así como, por línea materna, de otros dos en Tolosa, los de Yurramendi e Idiáquez, y uno más en Oñate, el de Irala.
Gracias a sus pingües recursos económicos y al interés paterno por la educación, el joven recibió una sólida formación: en casa del licenciado en Artes Gaspar Calvo, aprendió a leer y escribir, reglas gramaticales y aritmética. En el Estudio de Gramática de su localidad natal cursó tres años de lengua y humanidades. Y en 1758, fallecida ya su madre, viajó a Francia, recibiendo durante cinco años de los jesuitas en Bayona un bagaje humanístico, fundamental para orientarlo a la creación literaria. Concluido este, en agosto de 1763 volvía a su tierra.

Frecuentó entonces Azcoitia, Azpeitia y Vergara, área donde vivía su tío por parte de madre, Javier María de Munibe e Idiáquez, VIII conde de Peñaflorida, rodeado de un grupo de amigos con inquietudes intelectuales que impulsó la creación en 1765 de una asociación, similar a otras europeas surgidas de la Ilustración: la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, cuya finalidad, declarada en sus Estatutos, era "cultivar la inclinación hacia las Ciencias, Bellas Letras y Artes; corregir y pulir sus costumbres; desterrar el ocio y la ignorancia". Samaniego se convirtió en uno de los 19 fundadores.
Fue muy aficionado al arte escénico, ejerciendo tanto de actor amateur en las representaciones de la Bascongada, como de organizador de espectáculos teatrales para los socios, y hasta escribió piezas dramáticas, hoy perdidas. Leería sus primeras obras en las tertulias de la Sociedad. El buen recibimiento por esa audiencia de su fábula La mona corrida y el estímulo de su tío en ese sentido lo animaron a abordar el género que lo haría célebre, propio de la literatura ilustrada, mezcla de instrucción y deleite.
En 1767 contraería nupcias con Manuela Salcedo, proveniente de una distinguida familia bilbaína. También había estudiado, junto con su hermana, en Bayona, conociéndose allí la pareja. No tuvieron descendencia. Vivían en el palacio de Laguardia y pasaban largas temporadas en La Escobosa, a orillas del Ebro, y en Bilbao, con la parentela de la esposa.
En 1775 fue designado alcalde y juez ordinario de Tolosa un año, en virtud de su mayorazgo de Yurreamendi, aplicando en su gobierno principios reformistas. En 1776, coincidiendo con el fallecimiento de su padre, se implicó en gestiones que desembocaron en la apertura del Real Seminario Patriótico Bascongado, donde desempeñó tareas docentes, movido por la creencia de que la educación es el motor del progreso. Leería fábulas con fines didácticos a sus alumnos, que las apreciaban, lo que le motivó a recopilarlas y valoró llevarlas a las prensas. En 1780 sería elegido director del Real Seminario. Promocionó, sin éxito, la creación de un Colegio de Señoritas en Vitoria.

En 1777 envió su Colección de fábulas al autor tinerfeño Tomás de Iriarte, que avaló su publicación. En agradecimiento, el fabulista alavés incluyó una alabanza al canario en sus Fábulas en verso castellano para el uso del Real Seminario Bascongado (1781). El volumen, en cinco libros, publicado en la oficina valenciana de Benito Monfort, cosechó un éxito total, tanto de recepción crítica como de ventas, a pesar de no haberse gestado originariamente con más intención que ser materiales de aula. La Bascongada lo nombró Socio Literato y le ofrecieron retomar la dirección del Seminario en 1782.
Pero su relación con Tomás de Iriarte, en principio tan amistosa, se tornó en una enconada afrenta personal, que continuaría de por vida. En 1782, Iriarte había publicado sus Fábulas literarias. En la 'Advertencia del editor' afirmaba que era la primera colección de fábulas enteramente originales en castellano, obviando las de Samaniego. Este se indignó. El desencuentro fue creciendo y en 1787, Iriarte publicó Colección de obras en verso y prosa, que incluía la composición poética 'A un vizcaíno', en la que, por alusiones, tildaba a Samaniego de 'pollino'. El alavés contraatacó en sus paródicas 'Coplas para tocarse al violín, a guisa de tonadilla', desdeñando a su rival. Solo la muerte de este en 1791 interrumpió las invectivas.
Algunos de sus textos más controvertidos o polémicos los firmaba con los seudónimos 'Damián Cosme' y 'Cosme de Damián', en alusión a los dos santos médicos, por su afán de sanar o corregir cosas susceptibles de ello.
En 1782, el laguardiense viajaría a Madrid como comisario en Corte de Álava, con la encomienda de restablecer las exenciones de aranceles de los fueros para comerciar con América e introducir sus productos en Castilla, señaladamente vinos. Aunque no logró su objetivo plenamente, su amistad con el conde de Floridablanca, ministro de Carlos III, consiguió suavizar la situación. En Álava se le agradecieron sus desvelos pretendiendo entregarle como regalo una vajilla de plata, de la que solo aceptó una bandeja con las armas provinciales y una inscripción mencionando los servicios prestados.

En la capital asistió a tertulias y obras de teatro. Destacó en los salones madrileños por su ingenio y simpatía, su capacidad de improvisar versos o melodías a la vihuela o la guitarra, y por ser buen bailarín. Cuando la condesa de Baños le pidió una imagen suya, se la envió acompañada de la descripción satírica 'Ridículo retrato de un ridículo señor'. En la Corte publicó la segunda serie de sus Fábulas en verso castellano (1784), en la imprenta de Joaquín Ibarra, siendo también enormemente exitosa. Esta colección definitiva está formada por 157 composiciones en 9 libros. Las fuentes clásicas proceden del griego Esopo y el romano Fedro, sin beber de la tradición fabulística medieval española; las modernas, del francés La Fontaine y el británico John Gay. Pero el acierto de Samaniego es que las actualiza para su época y añade temas nuevos, siendo el libro noveno enteramente original. Sigue un estilo comunicativo y conciso, sin caer en el laconismo de los clásicos, lo que aumenta su atractivo.
Al estallar la Revolución Francesa en 1789, el Gobierno de Carlos IV, temiendo el contagio en España de las ideas revolucionarias, miró a los ilustrados con recelo, limitó la entrada de obras galas, prohibió la prensa no oficial y controló las Sociedades Económicas, causando el declive de la Bascongada y el Seminario de Vergara.
En 1790, Samaniego tuvo un hijo natural, bautizado en la localidad guipuzcoana de Lizarza como Félix María de Paula, siguiendo el nombre de pila del progenitor. Su madre era María Valentina de Ladero, doncella de la mujer de Samaniego. Este reconoció al niño y lo sostuvo económicamente, aunque no lo elevó al rango de heredero por su condición extramatrimonial.

El 7 de marzo de 1793 Francia declara la guerra a España, alegando ser en represalia por los intentos hispánicos de socavar la Revolución Francesa. Las posesiones de Samaniego quedaron afectadas por la ocupación francesa a Cataluña y el País Vasco. El palacio de Yurreamendi fue convertido en cuartel del invasor y su archivo quemado. La Rioja Alavesa fue liberada de las tropas francas en agosto de 1795.
El acomodado bilbaíno José María Murga lo denunció ante el Santo Oficio en 1793 por tenencia de libros prohibidos y por realizar afirmaciones irreverentes hacia la Inquisición. Aunque el tribunal concluyó su cristiandad y el uso correcto de su biblioteca, poco después el sacerdote del pueblo, Joaquín Antonio Muro, con la colaboración de algunos vecinos, lo volvería a acusar. Su autoría de piezas voluptuosas o anticlericales, con aire humorístico, algunas inspiradoras de grabados de Goya con este tema, le habían granjeado inquinas entre los más conservadores, a pesar de que sus jocosos cuentos y poemas eróticos circularon en copias clandestinas, manuscritas u orales, y no se llevaron a imprenta hasta 1921, cuando recibieron el título global de su editor El jardín de Venus.
Samaniego, viendo el cariz que tomaban los acontecimientos, viajó a Madrid en 1794 a solicitar ayuda a su amigo alavés, el ministro de Gracia y Justicia, Eugenio de Llaguno y Amírola, quien intervendría ante el inquisidor general Manuel Abad y Sierra, consiguiendo zanjar el asunto.

En los últimos años del siglo XVIII, fue concejal del Ayuntamiento de Laguardia en varias ocasiones, y formó parte de la Junta de Sanidad municipal. En el tramo postrero de su vida, con la salud minada por una enfermedad crónica de estómago, se retiró a La Escobosa. En 1795 hizo testamento, al que añadió un codicilo inmediatamente antes de su deceso.
Viendo que su fin era inminente, se hizo trasladar a Laguardia. El 11 de agosto de 1801, con 55 años, falleció. Fue enterrado en la capilla perteneciente a su linaje, llamada de la Piedad o del Descendimiento, en la iglesia de San Juan Bautista. Pidió ser amortajado con el hábito capuchino, orden con la que mantenía vínculos y cuyo convento era cercano a su residencia. Asimismo, requirió que sus escritos más escabrosos fueran quemados. Su esposa le sobrevivió largos años.
Le sucedió en el mayorazgo su hermana mayor, María Josefa, casada con Félix Manso de Velasco, y por cesión de ella, su hijo Mariano Antonio Manso. La casa palacio Samaniego es ahora propiedad de la Diputación Foral de Álava. Su archivo pasó en 1962 a la institución provincial y se halla en Vitoria. La finca La Escobosa hoy en día pertenece a unas importantes bodegas, mientras que el palacio de Idiáquez es una sociedad gastronómica, el Casino de la villa de Tolosa. Y a siete metros de profundidad, en el subsuelo del propio palacio Samaniego, se encuentra soterrada actualmente la Bodega El Fabulista.

Por suscripción popular se le erigió un monumento en el paseo de El Collado o El Crucifijo de su localidad natal, obra del arquitecto vizcaíno Severino de Achúcarro y Mocoroa, inaugurada en las fiestas de San Juan de 1883. Lo preside su busto de hierro dulce, del escultor bilbaíno Vicente Larrea Aldama, situado bajo un kiosco, con una inscripción que reza: 'La villa de Laguardia a su esclarecido hijo don Félix María Samaniego'. Bajo la construcción se enterró una caja de cinc que contenía un número de La Gaceta de Madrid, dos de El Anunciador Vitoriano, sus partidas de bautismo y defunción y varias monedas.
En agosto de 2024 se completó el homenaje, cuando el artista Mikel Lasarte talló en el paseo ocho árboles de ailanto secos, en cuyos troncos representó varias de sus fábulas.
Un tributo especialmente relevante a su memoria es haber denominado Samaniego al Instituto de Enseñanza Secundaria del municipio, teniendo en cuenta su firme confianza en la educación. Esa es, sin duda, la mejor moraleja para el relato de su vida.

Fotografías: Gabriela Torregrosa.
Nuestro más profundo y cariñoso agradecimiento a Pilar, de la Oficina de Turismo de Laguardia.

