carta del director

La fuga silenciosa que nos empobrece

Las aulas y los campus de Castilla y León han vuelto a cobrar vida estos días. Miles de jóvenes han iniciado o reanudado sus estudios superiores en las universidades de la Comunidad, afrontando un nuevo curso cargado de ilusión, esfuerzo e inversión familiar. Sin embargo, más allá de la estampa habitual de los primeros días de clase, el arranque académico nos devuelve frente a un espejo incómodo: formamos a algunos de los mejores profesionales del país, pero seguimos siendo incapaces de ofrecerles un ecosistema profesional que los retenga.

Nuestras cuatro universidades públicas y el mapa de Formación Profesional de la región destacan año tras año por su excelencia y rigor formativo. Sin embargo, el enorme esfuerzo fiscal de los castellanos y leoneses para educar y capacitar a sus jóvenes se traduce con demasiada frecuencia en un billete de ida hacia Madrid o el extranjero, con salidas más recurrentes. Es la sangría del talento: un trasvase silencioso pero constante de capital humano que frena de golpe nuestro desarrollo tecnológico, industrial y social.

Atraer y retener talento exige superar las meras campañas institucionales o la buena voluntad. Requiere una alianza estratégica y sin ambages entre las administraciones públicas, el ámbito universitario y el tejido empresarial privado para generar empleo de alto valor añadido, salarios competitivos y oportunidades reales de desarrollo profesional y emprendimiento en nuestra tierra.

Castilla y León no puede permitirse el lujo de seguir siendo una excelente cantera para que otros cosechen los frutos. Garantizar que quienes hoy se forman en nuestras aulas puedan construir mañana un proyecto de vida sólido en su Comunidad debe ser la prioridad estratégica indiscutible de cualquier política con visión de futuro.