El autor uruguayo publica 'El niño que perdió el silencio', un thriller psicológico sobre el abuso sexual infantil
Pablo Vierci: "El abuso infantil es un tema enterrado vivo que la sociedad todavía teme mirar de frente"
El autor uruguayo publica 'El niño que perdió el silencio', un thriller psicológico sobre el abuso sexual infantil
Tras el impacto internacional de 'La sociedad de la nieve', el escritor y periodista uruguayo Pablo Vierci regresa a las librerías con 'El niño que perdió el silencio', una novela que cambia la supervivencia física de los Andes por una supervivencia mucho más íntima, la emocional. Si en su obra anterior exploraba los límites humanos ante una tragedia extrema, en esta ocasión se adentra en uno de los temas más incómodos y silenciados de la sociedad: el abuso sexual infantil.
La novela, construida como un thriller psicológico, sigue la historia de Andrés Pardos, un hombre que cuarenta años después de su infancia comienza a reconstruir unos recuerdos que había bloqueado para poder sobrevivir. A través de ese proceso, el protagonista se enfrenta no solo a la figura de su abusador, sino también al silencio de los adultos que lo rodeaban y que decidieron mirar hacia otro lado.
Vierci, que ha colaborado activamente con TRIBUNA GRUPO como ponente en varios eventos y conferencias, reflexiona sobre el origen personal de esta historia, la dificultad social para abordar el abuso infantil y el papel que puede desempeñar la literatura para romper el silencio. Para el autor, escribir 'El niño que perdió el silencio' ha sido también una forma de visibilizar una realidad que sigue afectando a millones de personas y que durante décadas ha permanecido oculta bajo la vergüenza, el miedo y la complicidad.

PREGUNTA: Después del enorme impacto de 'La sociedad de la nieve', ¿qué le llevó a abordar un tema tan duro e íntimo como el abuso sexual infantil?
RESPUESTA: El tema del abuso sexual infantil lo traigo muy de cerca desde mi infancia y adolescencia. Es algo que conocí en los años cincuenta y sesenta y que siempre me resultó profundamente inquietante por la enorme invisibilidad que la sociedad adulta ha mantenido durante siglos en relación con la infancia. Durante mucho tiempo quise escribir sobre ello, pero siempre me parecía demasiado duro.
Lo que cambió fue, en parte, la experiencia con 'La sociedad de la nieve'. Es una historia extremadamente dura de un accidente aéreo, la muerte de muchos jóvenes y un pacto entre sobrevivientes para ofrecer sus cuerpos como alimento si morían. Sin embargo, el éxito del libro y posteriormente de la película dirigida por Juan Antonio Bayona demostró algo muy importante, el público no necesariamente huye de los temas difíciles. Lo que realmente importa es cómo se cuentan.
Ese éxito me dio el coraje necesario para retomar un tema que siempre había sentido como una asignatura pendiente. Quería aportar algo para que el abuso infantil dejara de ser un tema enterrado vivo. Porque lo que ocurre con estas historias es que suelen estar rodeadas de silencio, de mentiras, de vergüenza y de culpa. Y cuando algo se oculta durante tanto tiempo, termina reapareciendo de la peor manera posible.
P: ¿Por qué cree que la sociedad sigue teniendo tantas dificultades para hablar abiertamente de estos abusos?
R: Es una cuestión muy compleja, pero una de las claves está en que la mayoría de los abusos ocurren dentro del propio entorno familiar. Organizaciones como UNICEF o Save the Children señalan que alrededor del 80 % de los casos de abuso sexual infantil se producen dentro de la familia o en círculos muy cercanos a ella.
Eso significa que el abusador suele ser el padre, el abuelo, un tío o un amigo íntimo de la familia. Cuando un niño denuncia algo así, lo que se pone en riesgo no es solo a una persona, sino toda la estructura familiar. Reconocerlo implicaría aceptar que la imagen de familia que se ha construido durante años es falsa.
Por eso muchas veces ocurre algo terrible. El niño habla, pero los adultos prefieren callar para evitar el colapso emocional de la familia. De hecho, se calcula que cerca del 85 % de los abusos nunca salen a la luz. Ese silencio es lo que perpetúa el trauma. Y, por ejemplo, ahora que está de actualidad, esto que está pasando con el 'caso Epstein' es importantísimo para visibilizar lo que muchos niños sufren en silencio.
P: El protagonista de su novela se enfrenta cuarenta años después a recuerdos que había bloqueado. ¿Qué le interesaba explorar de esa memoria reprimida?
R: El personaje sufrió abusos entre los seis y los doce años y no tuvo ningún adulto que lo protegiera. En ese contexto, la única manera de sobrevivir psicológicamente es recurrir a mecanismos de defensa que describe el psicoanálisis: la represión, el bloqueo, la disociación o incluso la identificación con el agresor.
Mi protagonista bloquea completamente esos recuerdos y se convierte, emocionalmente, en una especie de témpano de hielo. Logra sobrevivir, pero paga un precio altísimo: vive décadas sin verdaderos vínculos ni emociones profundas.
La novela plantea que cuarenta años después algo ocurre que le obliga a revisar su pasado. Empieza entonces a reconstruir los recuerdos que había enterrado para entender qué sucedió realmente y cómo murió su abusador. Ese proceso de reconstrucción es lo que abre la puerta a la posibilidad de liberarse del trauma.
P: ¿Cómo construyó el personaje principal?
R: El personaje está construido a partir de muchas historias reales que conocí a lo largo de mi vida. Desgraciadamente he conocido casos de abusadores y de víctimas, tanto en mi infancia como en mi vida adulta.
Podría decirse que el protagonista es una especie de 'Frankenstein'. Tomé rasgos, experiencias y comportamientos de distintas personas que conocí y los combiné con elementos de ficción. En ese sentido, es un personaje que nace de la realidad, pero que termina siendo una creación literaria.

P: En la historia también se cuestiona la responsabilidad de los adultos que saben lo que ocurre y no actúan. ¿Hasta qué punto ese silencio forma parte del problema?
R: El abuso sexual infantil se convierte en un trauma profundo cuando confluyen dos factores. El primero es, evidentemente, el agresor. Pero el segundo, que es igual de importante, es la reacción de los adultos que deberían proteger al niño.
Cuando el niño denuncia y los adultos no lo protegen, se produce lo que algunos especialistas llaman una traición fundamental. El niño entiende que las personas en las que confiaba no están dispuestas a defenderlo. Esa experiencia puede marcar profundamente su desarrollo emocional. En la novela quise mostrar cómo ese silencio no solo protege al abusador, sino que también prolonga el trauma durante décadas.
P: Si 'La sociedad de la nieve' hablaba de supervivencia física, aquí parece centrarse en la supervivencia emocional.
R: Exactamente. En los Andes se trató de una supervivencia física extrema, pero curiosamente muchos de los sobrevivientes han explicado que no desarrollaron un trauma psicológico profundo. Lograron reconstruir sus vidas gracias a la comunidad que se formó entre ellos durante la tragedia.
En cambio, en el caso del abuso infantil ocurre lo contrario. La supervivencia es psicológica, pero el coste emocional es enorme. El protagonista de mi novela vive durante cuarenta años prácticamente desconectado de sus emociones. Sobrevive, pero su vida queda congelada. La historia intenta mostrar que incluso después de tanto tiempo puede existir una oportunidad de reconstrucción.
P: Para terminar, ¿qué papel cree que puede tener la literatura para abrir conversaciones sobre temas tan incómodos?
R: La literatura tiene una ventaja muy importante: permite ser más transgresor que otros formatos. A través de una novela puedes contar cosas muy duras porque existe una complicidad entre el autor y el lector. Ambos saben que lo que se narra es ficción, aunque esté inspirado en la realidad.
En mi caso elegí el formato de thriller psicológico porque permite mantener la tensión narrativa mientras se abordan temas muy dolorosos. No se trata de suavizar la crudeza del abuso, sino de integrarla dentro de una historia que atrape al lector.
Si la literatura consigue romper el silencio y ayudar a que estos temas se hablen más abiertamente, entonces ya habrá cumplido una función muy importante. Porque lo peor que puede ocurrir con el abuso infantil es que siga siendo un tema del que nadie se atreve a hablar.
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