Esta fortaleza bajomedieval, reconstruida en el siglo XV, se ha convertido en un destino para las familias gracias a la musealización del escultor Juan Villa
Castillos que hablan (XII): Villafuerte, vigía del valle del Esgueva
Esta fortaleza residencial fue construida por Garci Franco en 1472. Hoy es propiedad de la Asociación de Amigos de los Castillos que han revertido su ruina
Soy el castillo de Villafuerte de Esgueva.
Desde mi privilegiada atalaya domino, desde hace más de quinientos años, buena parte de este precioso valle del Esgueva. Mi historia está muy ligada a la de Garci Franco de Toledo, un noble descendiente de judíos conversos, quien heredó la villa de manos de su padre Diego González de Toledo. En 1472 comenzó a levantar mi anatomía pétrea para convertirme en un castillo señorial, que bien sigue el patrón de la llamada Escuela de Valladolid. Su heráldica y la de su mujer, María de Sarabia, blasonan mi entrada.
Mis formas recuerdan a las del castillo de Portillo, del conde de Benavente, a cuyo bando perteneció mi señor, que fue contador del reino y gustó de medrar en las intrigas palaciegas.

Tengo planta cuadrada, con tres torreones circulares adornados con matacán y una gran torre del homenaje rematada con torrecillas semicirculares. Aunque mi función nunca fue puramente defensiva, mis muros aguantaron revueltas y desórdenes sociales, como cuando el pueblo se levantó contra mi señor Garci Franco, al que le cuestionaron la legitimidad de su jurisdicción y, claro, los excesivos impuestos para costear mi construcción.
A pesar de las muchas vicisitudes, el linaje de Franco acabó consolidando el señorío y la propiedad llegó hasta finales del siglo XX. Sus descendientes tuvieron a bien venderme por una cantidad simbólica a la Asociación Española de Amigos de los Castillos que me rescató de una ruina más que segura y del expolio sufrido durante largas décadas de infausto recuerdo.

UNA TORRE DE CINCO ALTURAS
Bien lo sabe el amigo Luis Rodríguez, convertido en una suerte de amo de llaves que me enseña con mimo a los muchos viajeros que recibo cada año. Mi amplio patio de armas contó en su día con un gran edificio claustral, dispuesto en dos plantas con función residencial. En el siglo XIX se derribaron estas estancias y se construyeron pequeñas viviendas. Nada se conserva de aquellas edificaciones, más que las antiguas caballerizas, que hoy conforman el lugar donde recibo a mis visitantes.
La Asociación, que vela desde hace más de cuatro décadas por mi mantenimiento, organiza interesantes visitas guiadas. Merece la pena ascender por mis 25 metros de torre del homenaje o pasear por el adarve, desde donde se disfrutan unas vistas espectaculares, incluso en días como hoy donde la bruma le confiere un mayor misticismo al paraje. La torre está dividida en cinco alturas y en cada espacio se ha instalado un ambiente: "una exposición con restos arqueológicos, la recreación de una capilla, el salón de armas, un comedor y queremos construir en la quinta planta un aula didáctica para escolares", explica Luis Rodríguez, voluntario de la Asociación.
Desde mi posición dominante he visto transcurrir lentamente la vida en Villafuerte, población que antes se llamó Vellosillo y que fue rebautizada por mi señor Garci Grande de Toledo, al que el nombre original de la villa, por lo visto, no le convencía demasiado.

MIGUEL DELIBES
Hasta mí han llegado personajes ilustres de todas las épocas. Me hacían especial ilusión las visitas de don Miguel Delibes que gustaba cazar por estos lares y que siempre estuvo muy vinculado a Villafuerte, donde encontró inspiración a muchas de sus obras."Recuerdo un bando de diez (perdices), un día de crudo invierno, en Villafuerte de Esgueva, blancas de escarcha, inmóviles, apelotonadas, que nos llevó a cruzar apuestas sobre si eran perdices o piedras", escribía en El Último Coto.
Qué tiempos aquellos… Pero no nos pongamos nostálgicos porque vislumbro un futuro optimista. Las mejoras seguirán llegando y gracias al esfuerzo de la Asociación Española de Amigos de los Castillos, poco a poco, seguiré recobrando el esplendor del que un lejano día presumí.
Soy el castillo de Villafuerte de Esgueva.


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