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Solo 3 de cada 10 fumadores completa el tratamiento para dejar el tabaco en Castilla y León
Un estudio revela que la baja adherencia a los fármacos financiados por la sanidad pública reduce las posibilidades de abandonar el hábito
La mayoría de los fumadores que recurre a medicación financiada por la sanidad pública para dejar el tabaco en Castilla y León abandona el tratamiento antes de tiempo. Solo tres de cada diez pacientes completan la pauta recomendada, una baja adherencia que reduce notablemente las posibilidades de éxito, según revela un estudio publicado por la revista Atención Primaria.
La investigación, liderada por profesionales de Atención Primaria de León y Zamora junto a la Universidad de León, se ha difundido coincidiendo con el Día Mundial Sin Tabaco, celebrado este 31 de mayo. El trabajo alerta además de que el uso de estos tratamientos sigue siendo limitado, pese a estar financiados por la sanidad pública.
Entre 2020 y 2024, un total de 57.820 personas utilizaron en Castilla y León terapias farmacológicas para dejar de fumar, como vareniclina, bupropión o citisiniclina. Esta cifra representa apenas el 14,5% de los fumadores estimados en la comunidad.
Durante ese periodo se registraron más de 67.000 intentos para abandonar el tabaco, aunque la finalización de los tratamientos fue escasa. Solo el 26,8% de los pacientes tratados con vareniclina y el 32,4% de quienes utilizaron bupropión completaron correctamente la pauta recomendada.
El estudio subraya que este incumplimiento terapéutico limita la efectividad de unas herramientas que, combinadas con apoyo psicológico, aumentan de forma notable las probabilidades de dejar de fumar, una de las principales causas de enfermedad prevenible.
Los investigadores también detectaron desigualdades según el perfil de los fumadores. Las mujeres realizan más intentos de abandono y presentan una adherencia ligeramente superior a la de los hombres.
Por áreas geográficas, el uso de la medicación es proporcionalmente algo mayor en entornos rurales, aunque persisten diferencias relacionadas con el sexo y los condicionantes socioeconómicos, lo que apunta a barreras de acceso más allá de la financiación pública.
En este sentido, el nivel de renta influye en la utilización de los tratamientos, evidenciando que aún existen desigualdades en el acceso real a programas de deshabituación tabáquica dentro del sistema sanitario.
El trabajo también observa un menor consumo de fármacos durante los meses de verano y en diciembre, una tendencia estacional que, aunque no significativa, refleja cambios en los hábitos de intento de abandono.
Ante estos resultados, los autores consideran necesario reforzar el seguimiento de los pacientes y mejorar el acompañamiento clínico para aumentar la adherencia a los tratamientos, además de reducir las barreras económicas y sociales que dificultan su acceso.
Asimismo, insisten en que la combinación de farmacoterapia y apoyo conductual continúa siendo la estrategia más eficaz para abandonar el tabaco, por lo que apuestan por programas más integrales dentro de la sanidad pública.
Las conclusiones del estudio ponen de relieve que, aunque la financiación pública ha ampliado el acceso a los tratamientos para dejar de fumar, su impacto real depende de mejorar la adherencia, la equidad y el seguimiento de los pacientes que intentan abandonar el consumo.
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