Franco sucumbe a los pinceles en Salamanca: borrada la efigie del dictador en el Salón de Plenos

La representación de Franco ya ha desaparecido del mural del salón de plenos tras años de protestas y batalla judicial. Su eliminación total coincide con la salida de su cadáver del último gran bastión de la simbología franquista, el Valle de los Caídos.

El Valle de los Caídos será escenario este jueves de la exhumación del cadáver de Franco, quizás, el acto más simbólico de cumplimiento de la denominada ley de memoria histórica más de una década después de aprobada. Hacia las 10.30 se retirará la lápida de 1.500 kilos que cubre la tumba del dictador desde hace 44 años. A la misma hora en Salamanca, y de manera más delicada, con un fino pincel, un restaurador estará dando los últimos toques al mural del salón del plenos del Ayuntamiento para eliminar la efigie de Franco que, este miércoles, ya había desaparecido por completo y que permanecía en este lugar de democracia.

 

La retirada de uno de los últimos símbolos públicos alusivos al régimen franquista en Salamanca ha coincidido en el tiempo con la exhumación del cuerpo del dictador de su tumba del Valle de los Caídos. Hace unos días que, tras una larga batalla judicial entre el Gobierno y la familia Franco, el Tribunal Supremo daba la razón al Ejecutivo y le daba vía libre para fijar día y hora para la exhumación y posterior reinhumación. Conseguir que se concretara ha llevado meses, aunque hace años que se empezaron a dar los pasos necesarios.

 

En el caso de Salamanca, el proceso ha sido largo también, pero ha llegado a su final de manera más discreta. Durante el pasado mes de julio, la familia del autor original dio el visto bueno a la modificación del mural para eliminar la efigie de Franco, una solución que ya se planteó meses atrás, pero que no se llegó a ejecutar porque el consistorio salmantino optó por un último recurso contra un largo proceso que estaba decidido desde hace casi dos años, con una sentencia de noviembre de 2017 que daba la razón a Gorka Esparza y Domingo Benito, los impulsores de la retirada del medallón dedicado a Franco en la Plaza Mayor.

 

En mayo pasado, se decidió iniciar los trámites para eliminar la presencia del dictador del mural del salón de plenos, y desde el pasado 9 de octubre se llevan a cabo los trabajos. Los está haciendo un restaurador salmantino, con empresa en el Parque Cienfítico, Miguel García, que desde hace días procede con mimo para eliminar, trazo a trazo, la efigie del dictador y superponer una imagen de la Torre del Aire, que originalmente aparecía por detrás del 'vitor' dedicado a Franco. Finos pinceles y una caja de acuarelas son los instrumentos básicos de la intervención.

 

Este miércoles, durante la visita de TRIBUNA el día antes de la salida de Franco del Valle de los Caídos, está inmerso en el trabajo como un día más, convencido de que su aportación "es puramente técnica" y que tiene claro "que trabajo con una obra de arte y que mi objetivo es que no se dañe". Asegura que no ha estado muy pendiente de las noticias sobre la exhumación del cadáver del dictador.

 

García asegura que encontró la obra en buen estado, con suciedad superficial y algún pequeño golpe, pero en buenas condiciones, y que eso le animó en lo que califica como "un reto interesante". De hecho, va a llevar un trabajo sobre esta intervención al congreso que organiza el Museo Reina Sofía como un caso de respeto a la obra en intervenciones por causa judicial.

 

 

Explica que lo que está haciendo, ocultar la efigie de Franco con la superposición integrada del motivo que actualmente aparece detrás, la Torre del Aire, "es una reinterpretación, no es solo una ocultación". Sobre la obra, con la que ha entablado conocimiento profundo estos días, destaca que le gusta por la técnica de acrílico, "novedosa en su época", y que la idea de plasmar la historia de la ciudad es un acierto del mural.

 

A día de hoy, la imagen de Franco ya no está en el mural. Acercándose bastante, y con luz directa, se distinguen todavía trazos de la efigie bajo las nuevas pinceladas, pero la representación del dictador ha sucumbido al tono amarillento de las acuarelas, elegido para superponer la Torre del Aire. Pronto será lo único perceptible, como si el dictador nunca hubiera estado en un lugar que hace años se le discutía. 

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