01/02/2026
Compromiso y responsabilidad ante la tragedia de los incendios
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Los devastadores incendios que este verano han arrasado miles de hectáreas en Castilla y León han dejado una huella imborrable: hogares perdidos, explotaciones agrícolas y ganaderas arrasadas, y un impacto medioambiental que tardará décadas en recuperarse. Ante esta dura realidad, la respuesta institucional no podía esperar, y la Junta de Castilla y León ha dado un paso adelante con un paquete de medidas destinado a atender a todos los afectados y comenzar cuanto antes la reconstrucción.
El presidente Alfonso Fernández Mañueco, en su comparecencia del pasado viernes, asumió la gravedad de la situación y trasladó un mensaje claro: no se dejará a nadie atrás. Las líneas de ayuda anunciadas incluyen apoyos directos a familias damnificadas, recursos para el sector primario, incentivos para la recuperación de infraestructuras y actuaciones urgentes en materia de prevención y restauración ambiental. Es un plan que busca equilibrar la urgencia social con la necesidad de planificar el futuro, porque reconstruir no es solo levantar lo destruido, sino hacerlo con criterios de sostenibilidad y seguridad.
Estas medidas llegan en un momento en el que la ciudadanía exige respuestas rápidas, pero también eficaces. La transparencia en su ejecución, la coordinación con ayuntamientos y la participación activa de los colectivos afectados serán claves para garantizar que la ayuda no se diluya en burocracia. La experiencia nos recuerda que el tiempo es determinante: cada día cuenta para que quienes han perdido tanto puedan retomar su vida con dignidad.
Sin embargo, no podemos obviar un hecho que ha estado presente durante toda esta crisis: los incendios también se han convertido en arma arrojadiza en el debate político. En lugar de unir esfuerzos para dar soluciones inmediatas y prevenir tragedias futuras, hemos visto acusaciones cruzadas, reproches y lecturas partidistas que poco aportan al ciudadano que lo ha perdido todo. Esa dinámica desgasta la confianza y retrasa lo verdaderamente importante: la acción coordinada y eficaz.
Porque esta catástrofe no es responsabilidad exclusiva de un gobierno autonómico o central, ni puede convertirse en un argumento electoral. Es una responsabilidad compartida. Administraciones, partidos, colectivos sociales y ciudadanía debemos asumir que la prevención, la gestión del territorio y la lucha contra el abandono rural son tareas que nos implican a todos. La respuesta no puede improvisarse cuando el fuego ya ha arrasado; debe cimentarse con planificación, recursos y compromiso político más allá del corto plazo.
Hoy Castilla y León se enfrenta a un reto que va más allá de la emergencia: convertir la tragedia en una oportunidad para fortalecer el territorio, proteger nuestro patrimonio natural y demostrar que la unidad entre instituciones y sociedad civil es la mejor herramienta para superar la adversidad.
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